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‘Van Gogh: En la puerta de la eternidad’, reflexiva mirada a uno de los artistas más influyentes de la historia

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Quizás Dios me hizo pintor para quienes no han nacido aún”, dice un resignado Willem Dafoe, mientras encarna al autor de la hoy famosísima obra “La noche estrellada”. Visto en vida como un lunático, el pintor neerlandés Vincent van Gogh, murió a los 36 años sumido en la absoluta pobreza y el más cruel anonimato. Un centenar de años después, su estilo posimpresionista sigue cautivando e inspirando a artistas de todo el mundo. Y, gracias a eso, el director (y también pintor) Julian Schnabel, vuelve al cine luego de un hiato de casi ocho años para mostrarnos una visita guiada por todos los demonios que invadieron la prodigiosa mente de uno de los hombres más influyentes del siglo pasado.

Van Gogh: En la puerta de la eternidad’ es un repaso por los dos últimos años de vida del venerado artista. Apoyado emocional y económicamente por su hermano Theo, Vincent vivió unos meses en Arlés, al sur de Francia, lugar hostil donde se instaló bajo consejo de Paul Gauguin, interpretado aquí por el siempre excelente Oscar Isaac.

 

Pese a ser tratado como un paria, van Gogh supo refugiarse entre campos y montañas a las afueras de la ciudad para encontrar calma y protección. A ritmo parsimonioso, las escenas en exteriores combinan poesía y arte, además de reflejar la sinergia hombre-naturaleza a la que era capaz de llegar cuando olía la tierra o caminaba descalzo por el prado.

Schnabel, cineasta especializado en el ejercicio introspectivo, tiene un ya conocido interés por el delicado tratamiento fotográfico de sus películas. Desde el biopic de Jean-Michel Basquiat que dirigió en 1996, pasando por el conmovedor drama de 2007, ‘La escafandra y la mariposa

El trabajo aquí es tan notable como abrumador. Con un predominante uso de cámara en mano y planos subjetivos, el film se revela como puramente sensorial y nos introduce en cada proceso de creación por el que pasó van Gogh. Cada pincelada, cada trazo, cada boceto, cada inspiración; todo es perfectamente palpable.

Finalmente, el mayor acierto de la película es Dafoe. Pese a tener 25 años más que van Gogh al momento de su muerte, el actor logra una interpretación apasionada y desoladora. Tan verosímil y agónica que asusta. El tres veces nominado al Oscar es un autorretrato que cobró vida y cuyas desdichas logran tocarnos todas las fibras del cuerpo.

https://www.youtube.com/watch?v=hYxfgqiQ68Q

Denisse De la Parra

www.denissedelap.com

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