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Todos somos tú.

Cuántos vienen. Cuántos van.

Eres de aquí, de allá o mejor aun, de ninguna parte. Qué lo define. Quién decide la etiqueta que debes llevar. A dónde tienes derecho a pasar y dónde lo tienes prohibido.

Quién dice hasta aquí.

 

Nadie tiene derecho a decirte a quién amar, pero una vez que lo has decidido, aún cuando lo hayas hecho de manera inconsciente, porque así es el amor, nadie, absolutamente nadie tiene el derecho de prohibirte que lo hagas y mucho menos de separarte del ser amado. Quién te dice a quién debes amar, en dónde, hasta cuándo.

Cometes el delito de buscar mejor vida, porque por supuesto, es un delito, faltaba más. Y entre tantas preguntas se me ocurre hacerme, aparece esta: quién fue el inteligente al que se le olvidó escribir dentro de todos los derechos, el derecho a soñar. Quién decidió que ese no debía ni podía ser un derecho fundamental.

Si me parecen una tontería las fronteras políticas, líneas imaginarias que delimitan donde uno puede vivir y donde tiene prohibido pasar, me parece estúpido, inhumano y miles de adjetivos más, poner fronteras en forma de jaulas. Pero quién se ha creído el mayor de los imbéciles de este mundo.

Ser un hijo de puta no es justificación para cometer actos de barbarie que por mucho que firmes la contra en la parte de atrás, ya ha dejado daños irreversibles. Ya hay familias que jamás se volverán a sentir como una. Padres que nunca dejarán de extrañar. Niños que acaban de dejar su infancia atrás.

Para todos aquellos que se atreven a sostener que no se puede viajar en el tiempo, vayan a Estados Unidos para refrescarse la vista, pero entren sólo si tiene visa, no vaya a ser.

Hoy no veo ninguna bandera adornando las fotos de perfil, hoy no somos México, a menos que sea para gritar un gol. Hoy nadie es indocumentado. Hoy que deberíamos de ser tú, que te quedaste sin tu familia, que te quedaste sin tu hijo, que te quedaste sin tus papás. Que sientes que lo has perdido todo, hoy todos deberíamos de ser tú. Ponernos en tus zapatos, por imposible que parezca.

Nadie debería tener la mínima posibilidad de cometer esos actos y además quedarse tan tranquilo. Su vida debería convertirse en la misma pesadilla que está haciendo vivir a los demás. In time we trust.

La cero tolerancia empieza a afectar de tal manera que me hace pensar que lo único que tienen es cero sentido de humanidad. Nadie, ni porque se llame Donald, ni Enrique, ni Vladimir, absolutamente nadie tiene el derecho de coartar la libertad de otro alguien. Quién les dio el poder. Quién les dijo que podían manejar la vida de los demás.

Y yo que me quejo de lo poco que he vivido, de mis frustraciones cotidianas, seguramente es porque nunca he sido tú. Hoy me pongo en tus zapatos, hoy también soy tú.

Dejemos de imaginar fronteras, dejemos de poner líneas donde no las hay. Empecemos a ponernos los zapatos de los demás. A final de cuentas nunca sabemos a ciencia cierta cuántos vienen, ni cuántos van.

No importa si son de aquí o son de allá o mejor aún, de ninguna parte.

Qué lo define. Quién decide la etiqueta que debes llevar. A dónde tienes derecho a pasar y en dónde lo tienes prohibido. Hasta dónde debes soñar, hasta dónde te vas a permitir hacerlo. Hasta dónde vas a pedir permiso.

 

Quién dice hasta aquí.

Quién dice basta ya.

Todos somos tú.

O deberíamos, por lo menos por un momento.

Noe Silva

Publicista. Amante de la discusión. Firme militante del depende. Redactor creativo en ( anónimo ). En resumen, creo que el caos es necesario.