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Rocketman , Elton John visto desde sus propios lentes

Este artículo se lee en 3 minutos

Tras su estreno en el reciente Festival de Cannes, con la presencia y la actuación en vivo de Elton John, se lanza en los cines de todo el mundo esta biopic que -como no podía ser de otra manera tratándose de este popular cantante y pianista- resulta ampulosa, artificiosa, extravagante, por momentos incluso ridícula, pero siempre fascinante y divertida.

Rocketman (Reino Unido-Estados Unidos/2019). Dirección: Dexter Fletcher. Elenco: Taron Egerton, Jamie Bell, Richard Madden, Bryce Dallas Howard y Gemma Jones. Guión: Lee Hall. Fotografía: George Richmond. Música: Matthew Margeson. Edición: Chris Dickens. Distribuidora: UIP (Paramount). Duración: 121 minutos.

Taron Egerton as Elton John in Rocketman from Paramount Pictures.

La película comienza con Elton John (consagratorio trabajo de Taron Egerton) yendo disfrazado de Diablo a una reunión de Alcohólicos Anónimos. “Soy adicto al alcohol. A la cocaína. A las pastillas. En verdad a todas las drogas. Y al sexo. Y soy bulímico. Y comprador compulsivo”. Así, Rocketman se desmarca desde el primer plano de los lugares comunes de la biopic oficial y celebratoria (que igualmente lo es, ya que Elton John fue productor) para mostrar las múltiples facetas de un hombre que, si bien triunfó en todo el mundo y a los 25 años ya era multimillonario, debió luchar contra una historia familiar aterradora, los prejuicios de las diferentes épocas, la timidez y la soledad. Trauma que lo llevaron -como él mismo admite- a consumir todas las sustancias ilegales imaginables y a desayunar con vodka mientras los demás se servían jugo y café.

 

La narración va y viene en el tiempo: desde la conflictiva infancia en tiempos de crisis de la Inglaterra de posguerra con padres no particularmente afectivos y en varios momentos directamente hostiles (a pesar de que ya desde muy pequeño se destacó como un prodigioso pianista) hasta su sociedad artística y amistad de toda la vida con el compositor Bernie Taupin (Jamie Bell), pasando por varias de sus grabaciones en estudio, recitales o la relación de amor-odio con su manager John Reid (Richard Madden).

 

Sin embargo, lo que hace particularmente distintiva a Rocketman en comparación con otras biopics son sus números musicales. No estamos hablando de pasajes en los que Egerton toca el piano y canta (que los hay) sino de largas, ambiciosas y creativas escenas con multitudes bailando en coreografías construidas en varios casos a puro plano secuencia y que bien podrían haber sido concebidas por Baz Luhrmann.

 

Rocketman es un crowdpleaser con todas las letras: lleno de picos emotivos, con interpretaciones de 20 de los temas más populares de su carrera (otro punto para Egerton) y con fuertes contrastes entre el Elton John público con coloridos vestuarios, botas con plataformas y gigantescos anteojos y el hombre muchas veces abatido, deprimido, consumido por los efectos de la droga en la intimidad. En definitiva, una fábula sobre los excesos de rock, los peligros de la fama y una épica sobre la fuerza de voluntad para la redención personal. Si 2018 fue el año de Bohemian Rhapsody, Queen y Freddie Mercury, no extrañaría que 2019 le pertenezca -al menos en el ámbito de los premios para las biopics musicales- a Rocketman y Elton John.

Denisse De la Parra

www.denissedelap.com

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