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Qué quieres.

Este artículo se lee en 3 minutos

De entrada, pensé que era una pregunta de salida. Ya sé que el tono se lo puse yo, que la interpretación que le di puede ser la equivocada. O no. Me dolió como si hubiera sido una piedra, y hasta me cortó. Pero qué quieres, así soy.

Qué quieres. La pregunta que vino a lastimar mi ego por no saber qué contestar. Porque decir, todo, no es la respuesta más objetiva, ni más clara, pero oye, ahí está. La tenía en la punta de la lengua y se terminó quedando colgada en mis labios. Todo. Nada más, pero nada menos.

Qué quieres. Es la pregunta que esconde el psicólogo entre líneas. Con la que la señora de la tienda te quita la cara de duda, aunque ni a ella le sepas contestar. Es la pregunta con la que vive el filósofo. Con la que cualquier relación debería de empezar, no terminar.

Qué quieres. Lo que deberíamos cuestionarnos de tanto en tanto. Que nos venga a incomodar por dentro, lo que algunos llaman ansiedad. La pregunta puede ser una constante, pero siempre será la respuesta la que debería tener la capacidad de ir cambiando, y así encontrar otra forma de renovar los sueños.

 

Qué quieres, carajo. Qué.

 

De qué. La respuesta del despistado, del que esquiva la bala. Del que prefiere no decir nada o ganar tiempo mientras formula la respuesta más esquiva. Pero es que poca gente llega tan frontal con una pregunta que trae tanto filo en la punta. Lo peor de todo es que no todos pueden contestar, no saben, porque pocas veces se la formulan. Incluso tengo la impresión de que ni si quiera los que la hacen tienen la capacidad de contestarla, porque una cosa es hacer la pregunta y otra muy distinta, hacerla porque ya me la contesté. Cuéntame qué quieres, claro, directo, con comas y puntos. Sin muletillas por favor.

La respuesta no llega tan clara, no la tienes preparada, igual y ni si quiera la conoces. Como pensé que me pasaba a mí. Y mira, sin querer vamos encontrando cosas en común. Pero como también creo que es una pregunta que se debe contestar, aquí va.

 

Qué quieres.

 

Nada por aquí, nada por allá. Podría resumirlo en magia. En los poderes compartidos que siempre quise tener, ser invisible entre un grupo de gente. Tener alas. Poder volar. Sonrojar al Marqués de Sade. Mañanas eternas que duren un domingo. Tardes de café y lluvia. Silencios compartidos. Pláticas que nos transporten a otra realidad. Máquinas del tiempo en formas de canción. Pretextos para no ir a trabajar. Tomar una calle cualquiera el día que menos se lo pueda esperar. Una risa como despertador. Descubrir colores nuevos y probar su sabor. Embriagarnos de estrellas y que se nos suba la noche. Carcajadas sin sentido. Escuchar hola, sin sentir que es un adiós.

 

Unos brazos a los que pueda llamar hogar. Una mirada que cobije. Una sonrisa a distancia. Una distancia que no haga más que acercarnos. Unos labios que me escuchen. Unos ojos que me hablen, que me cuenten lo que nunca imagine escuchar. Un cuento de buenas noches, para empezar a soñar.

 

Volar. Y a lo mejor la respuesta se resume en eso.

 

Volar.

Noe Silva

Publicista. Amante de la discusión. Firme militante del depende. Redactor creativo en ( anónimo ). En resumen, creo que el caos es necesario.

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