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Qué locura.

Ilustración de @clauslva
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En estos tiempos en los que dormir se ha convertido en un lujo, soñar, es una bandera de rebeldía. Por eso es que a los demás les parece una locura y por los demás, me refiero al resto, a los que si no se mueven en masa no se atreven ni a pestañear. A ellos, a los que no son uno, sino un montón.

 

Qué locura en estos tiempos querer actuar y no me refiero a los dramas de oficina, los thrillers de amor o las comedias de amistad. Que también los hay. Hablo de la profesión, de los que se meten en un personaje para darle vida, voz y rostro. A los que, en estos tiempos donde nada nos sorprende nos ponen a sentir como los que más, nos llevan a la Gloria emocional.

 

Justo cuando todo esto parece una locura y cuando creía que nada me podía volver a hacer reír, suena la tercera llamada, apagan las luces, se abre el telón. En el escenario aparecen doce princesas que se encuentran en pugna. Una a una hacen una entrada triunfal, todas reconocibles, todas en su papel, pero sobre todo, todas entregadas como si fuera la última obra que fueran a presentar.

 

No voy a hablar más de la obra, porque no quiero quitarle la sorpresa a nadie que en medio de un enorme amor propio e incondicional se regale dos horas de calidad.

 

El punto es que hace mucho que no me reía tanto, tanto como para terminar llorando y de la risa también. En dos horas pasé de la sonrisa a la carcajada y del nudo en la garganta a esa lagrimita que te invita a reflexionar. En serio, algún sentimiento me queda todavía. Y menos mal, porque me quedó claro que donde manda la emoción es donde suceden las cosas.

 

Y a los demás, que les parezca locura emocionarse así, seguir sus sueños, despertar para soñar. Me da igual.

 

Por eso cuando escuches a alguien decir, qué locura, refiriéndose a ti, sigue. Sigue sin voltear atrás, que no hay mejor señal de que estás haciendo bien las cosas. Que estás volando por donde tenías que caminar.

Porque si tus sueños no parecen locura digna de vestirla con camisa de mangas largas, no son lo suficientemente grandes como para ser las ladronas de unas cuantas horas de sueño.

 

Y nosotros que hemos visto la locura como una deficiencia mental, qué locura. Deberían ser los cuerdos los habitantes de esas paredes acolchonadas para que no se vayan a lastimar con tanta racionalidad.

 

Qué locura, ser diferente, aunque sea el primer paso para ser referente.

 

Qué locura la de esas doce princesas pensando que están obsoletas, cuando los que lo estamos somos los que hemos dejado de creer en ellas. Que los cuentos de hadas no pasan de los libros. Que el felices para siempre, dura toda la vida o no existe más, sin saber que existe, pero dura lo que tiene que durar. Qué locura.

 

Qué locura no tomar a la misma como cualidad.

 

Locura no, tontería, perderse esta obra.

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Written by Noe Silva

Publicista. Amante de la discusión. Firme militante del depende. Redactor creativo en La DobleVida. En resumen, creo que el caos es necesario.