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Pierde.

Este artículo se lee en 3 minutos

Pero que sea en primer lugar.

 

Caerte. Lastimarte. Son señales inequívocas de que te estás moviendo, no hay más. Si no te quisieras caer o correr el riesgo de empezar a coleccionar heridas, entonces no te muevas. Tampoco hagas el intento y ya me dirás lo que se siente morir más de una vez.

 

Competir, esa parte de la vida que te hace seguir avanzando tiene dos vertientes, la de ganar y la de perder.

Competir en cualquier cosa, contra cualquier adversario, incluido tú por supuesto nos ha llevado siempre a dos caminos, el de ganar que te da una de las mayores satisfacciones en medio de la lucha que estás librando y su contra parte, el de perder, que sin lugar a dudas te lleva a una sensación de tristeza, frustración y a veces hasta de enojo, pero las dos existen porque son necesarias.

La satisfacción te da la certeza de que las cosas son alcanzables, de que las metas existen para llegar a ellas y que los sueños sirven para despertar con más ganas aunque sea en lunes. Pero perder, te regala el empuje hacía abajo que necesita cualquier flotador para volver a salir, te hace sentir miserable por un momento para entender que no es eso lo que quieres sentir y saber lo que no quieres siempre se me ha hecho primordial para definir lo que sí.

Perder, te ayuda a buscar nuevos caminos para llegar a tu meta.

Perder, te enseña que hay otras formas de ganar. Igual que caer te enseña que hay músculos que antes no sabías que estaban ahí. Duele, sí. Pero es que el dolor también es necesario para poder darnos cuenta que seguimos vivos.

Perder no debería de tener una connotación negativa, tan mal que hemos tratado tantas palabras que ahora pensamos que perder es malo. No nos hemos dado cuenta las maravillas que podemos encontrar en el fondo de un abismo, justo donde parece no haber nada, justo donde parece que estamos solos. Justo ahí, donde nos encontramos con nosotros. Como si eso fuera poco.

Siempre tienes el derecho de sentirte triste, -porque el momento lo amerita- bajar la cabeza y dejar que salga una que otra lágrima que es otra manera de limpiarte por dentro. Pero, como decían los papás, si tienes derechos tienes obligaciones, y después del derecho a la tristeza, tienes la obligación de levantar de nuevo la mirada para poder observar cuál es el siguiente paso. De dónde te vas a agarrar ahora para salir de dónde estás antes de que te empieces a poner cómodo, porque entonces sí, ya nos habremos complicado un poco más.

Supongo que no hay otra forma de empezar algo por grande o pequeño que sea, que no sea perdiendo. Pero igual que cuando ganas, lo haces por todo lo grande, después de haber dejado cuerpo y alma en dónde la hayas tenido que dejar, igual hay que perder a lo grande, de la misma manera, arriesgándolo todo.

 

Ganar a lo grande.

 

Y perder, también.

 

Por eso pierde, pero que sea siempre en primer lugar.

Noe Silva

Publicista. Amante de la discusión. Firme militante del depende. Redactor creativo en ( anónimo ). En resumen, creo que el caos es necesario.

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