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Pero tú también.

Este artículo se lee en 3 minutos

Es la responsabilidad repartida, de esa que nos encanta y encontramos en cada esquina. Es cuando el sentimiento de culpa es tan grande que no lo puede cargar una sola persona. Es ese, carga de aquel lado o se arrastra el mueble y si nos jodemos la espalda, mejor que nos la jodamos los dos.

Es un yo no fui, disfrazado de valentía fingida. Es un no es cierto, antes que un me equivoqué.

Es como el que dice que una relación es cosa de dos y que, si se fue a la mierda, fue por lo mismo, con tal de no decir porqué terminó.

Es esa frase que ocupa el lugar de la tregua. La bandera negra que no deja que la blanca se vea. Es el, yo grito más fuerte que tú.

Uno de los motivos por los que a este mundo se lo está llevando la mierda. Una de las causas por las que el polémico anuncio de Gillette resultó tan ofensivo e hirió tantas susceptibilidades masculinas. Porque sí, en este mundo la masculinidad troglodita, por no llamarla tóxica, lleva gran responsabilidad de lo mal que estamos y prueba de ello, es ver los comentarios debajo del anuncio en el canal de Youtube. Hablan de los hombres… y las mujeres qué. Ellas también tienen culpa. No somos los únicos. Estamos mal como género, pero tú también.

Y a cualquier comentario femenino que le siga, le agregamos un, pero tú también. Listo, respiración profunda y caída con naturalidad en el respaldo de mi silla. Hemos arreglado el mundo. Ya estamos parejos. La balanza se niveló.

Las culpas repartidas sirven para intentar limpiarse la conciencia, toallitas húmedas para cuando no te puedes bañar, lo necesario para evitar las llagas, vaya.

Sirven para decir, estuve mal pero no fui el único.

Reprobé mamá, pero fui el de mayor calificación en el salón.

 

Menos mal.

Menos mal, es lo que esperamos que los demás nos contesten. Que sientan o mejor aún, que nos hagan sentir. No te preocupes que no tienes culpa, la culpa es de este sistema opresor que te ha orillado a hacer y decir lo que has dicho y hecho. La culpa no es tuya chiquitín.

Las culpas repartidas sirven para eso y de paso, nos hacemos idiotas y terminamos ignorando el problema. A diferencia de las responsabilidades repartidas, que sirven para tener varios puntos de soporte, rapidez y distintas habilidades para solucionarlas. Pero en estas, cada individuo asume su rol. Cada tú, acepta su yo. Una responsabilidad individual, sin fijarse en los demás. Sin decir, yo estoy mal, pero tú más. Asume sus acciones con todo y consecuencias y punto. No se queda callado, pero transforma esa excusa en un, fui yo, y algunos valientes hasta le agregan un perdón, que termina encontrando varias veredas para llegar a una solución.

Así pasa en todo, en los problemas políticos, económicos y personales. Y si no me crees, voltea para adentro. Descubre ese, pero tú más, que alguna vez dijiste, porque puede que se lo quieras agregar también a un, siempre te quise.

Eso sí, no es tan grave como el, pero tú más. Afortunadamente. Pero hay que detenerlo a tiempo, antes de que le dé por transformarse y vaya a terminar todo en una batalla campal.

De haberlo sabido antes.

De haberte escuchado a tiempo. Aunque te lo dije, te lo advertí.

Pero tú también.

Noe Silva

Publicista. Amante de la discusión. Firme militante del depende. Redactor creativo en ( anónimo ). En resumen, creo que el caos es necesario.

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