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Oféndase aquí.

Este artículo se lee en 4 minutos

Como si no fuera suficiente con las redes sociales, los memes y una que otra noticia, ahora también tienes este artículo para ofenderte. Te lo regalo con toda la saña del mundo. Espero que te ofendas mucho, pero sobre todo, bien.

Porque te ofendes en cantidad, pero no en calidad. Y para muestra, tus redes sociales. Nada más hay que echar un ojo con las cosas que compartes, las que comentas, de las que te quejas y después revisar tu día a día. Y es que, para ofenderse bien, también se necesita congruencia.

Qué grosero. Deberías quitar eso. Debiste de haberte callado.

Así toda la gente a la que le gusta opinar sin que se lo hayan pedido. Estos ofendidos histriónicos, esos que se ofenden por los demás. Se ponen el saco, aunque no les quede con tal de obtener la atención que de pequeños se les negó en casa.

Luego existen los ofendidos sentimentales que piensan que todo mundo los ataca digas lo que digas, aunque sea con cariño. Porque su nacimiento es la ofensa más grande para la raza humana, según ellos y su susceptibilidad exagerada. La misma que les causa su urticaria constante.

Y así podría hacerte un recorrido interminable del tipo de ofendidos que salen hoy de sus madrigueras con las heridas abiertas y buscando cualquier bala perdida que pueda meterlos de nuevo a la trinchera de los heridos. De los que se manifiestan con pancartas fosforescentes exigiendo lo políticamente correcto. Sin darse cuenta que ser eso, solamente es el disfraz de la tolerancia que soporta la existencia del otro mientras se mantenga a una distancia prudencial. Que la tolerancia navega en la ambigüedad, hacía la tierra de la aceptación, donde el requisito para ser ciudadano es que cumplas con lo que la sociedad espera de ti.

 

Siempre se va a ofender el que quiere, no el que puede.

 

Y no falta el que va por la vida hablando de lo pésimas que son las malas palabras sin darse cuenta que son peores las palabras malas. Expresándose de manera elocuente y rimbombante, de modo correcto hasta decir basta. Haciendo uso de una lengua con habilidades quirúrgicas y vistiendo las palabras de frac para presentarlas ante la sociedad. Qué terrible debe ser vivir con esa censura autoimpuesta. Pobres de ellos. Y de los que los rodean.

Y no me mal interpretes, me encantan las personas que se expresan de manera clara, pero también las personas que les llaman a las cosas por su nombre, sin rodeos y sobre todo sin esos exagerados diminutivos. Porque nunca falta un pederasta gramatical que abusa de ellos.

Estamos con las ideas tan de cabeza que ahora nos ofende más una verdad que una mentira. Que preferimos saludar con una sonrisa forzada que evitar a la persona con la misma cortesía. Respeto por dos. Ni te saludo, ni me saludes, es otra forma de desearnos buen día. Porque a mí me ofende más la hipocresía. Lo dicho a mis espaldas. Ya te he dicho que está bien hablar mal de las personas, lo malo es hacerlo cuando no están.

 

Hay personas cuyos insultos se sienten como halagos, por la autoría de quien los pronuncia y hay otros que mientras más te halaguen, más ofensivo resulta, precisamente por lo mismo.

 

A lo que iba es que para ofenderse, basta con querer hacerlo, una interpretación sazonada con trocitos de susceptibilidad, una palabra no esperada o este artículo.

Y si te ofende lo que digo, aquí o donde sea, sinceramente me la suda.

 

 

 

Noe Silva

Publicista. Amante de la discusión. Firme militante del depende. Redactor creativo en ( anónimo ). En resumen, creo que el caos es necesario.

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