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Nos fuimos a Guanajuato a vivir el cine desde una de las ciudades más anacrónicas de nuestro país

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A primera vista Guanajuato capital parece un pueblo pequeño perdido entre el cerro y el tiempo, con su arquitectura colonial, túneles, sus interminables subidas y bajadas, e incontables callejones. Pero detrás de esa fachada, la ciudad alberga una población joven y vibrante, una escena cultural y artística muy vasta, y un montón de fiesta y locura nocturna –la región salvaje-.

En esta ocasión fue una de las sedes del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF) donde se proyectaron más de 340 películas tanto en muestra como en competencia en lugares súper curiosos y contrastantes. Un momento estábamos viendo una película muy surreal y con tintes de humor negro sobre conflictos sociales en el sur de México [Moronga – John Dickie (MX)] en un recinto tan majestuoso y opulento como es el Teatro Juárez, y al siguiente nos encontrábamos sentadas en medio de un panteón a la media noche viendo una película de terror que giraba entorno a un comercial de Red Lobster [Great Choice – Robin Comisar (US)]. O como cuando tuvimos que subir los 86 escalones del hermoso edificio de cantera verde de la Universidad de Guanajuato para atestiguar el despertar de la consciencia de una marioneta y su conflicto existencial [Inanimate – Lucia Bulgheroni (UK)] que nos recordó a la Anomalisa de Kaufman; así como un viaje por la historia del deseo y el erotismo iniciando con los primeros organismos unicelulares y culminando con el ser humano y la represión del placer femenino [Simbiosis Carnal – Rocío Álvarez (BE)]. ¿Y qué decir de la experiencia de ver cine en las profundidades de los túneles de la ciudad con sus documentales sobre drag queens en la Ciudad de México [Suicidrag – Andrea Pérez Su (MX)] y cortometrajes sobre la misoginia y el lipoma parlante de Ingmar Bergman [Fettknölen | Vox Lipoma – Liv Strömquist, Jame Magnusson (SE)]?

Otra de las curiosidades y contrastes con los que nos encontramos fue el hecho de que una ciudad tan ‘vieja’ albergue cuestiones tecnológicas tan avanzadas y de vanguardia como es el caso de la muestra cinematográfica en realidad virtual en Epicentro GIFF, localizado en el antiguo palacio legislativo del pueblo, siendo uno de los primeros festivales con una selección oficial de este tipo. Ahí pudimos ser parte de experiencias inmersivas creadas alrededor del mundo y donde además el Instituto Mexicano de Realidades Mixtas anunció el lanzamiento de su nueva aplicación S19 inspirada en el sismo de septiembre pasado, y un documental del mismo en VR 360º que pronto podremos ver en otras sedes del país.

La ciudad: surreal, y las historias aún más. Por las noches jóvenes de todos lados del país y multitudes de extranjeros salen a las calles y toman los incontables bares de la ciudad. Con curados de mezcal y mucha cerveza, la inhibición es un concepto inexistente en Guanajuato: la gente conversa con desconocidos en la acera, ríe, canta, y baila sin parar. El humo, las luces y los edificios antiquísimos te envuelven y te cobijan. Nadie duerme hasta que salga el sol.

El GIFF nos dejó muchas experiencias inolvidables, y la capital guanajuatense un enamoramiento impresionante. Definitivamente es una ciudad llena de arte, cultura y fiesta a la que vale la pena volver. Pronto se avecina el Festival Internacional Cervantino, ¿nos vemos?

 

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