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Mi vida como una canción de Maluma

Este artículo se lee en 2 minutos

Promiscua.

Confieso que me estoy dando a mi entrenador. Es difícil no querer hacerlo, es una sabrosura.

También me doy a mi corrector de estilo. Es un deleite pasar horas platicando con él, tirados en la cama, sin ropas ni prejuicios.

A veces paso momentos íntimos con un ex compañero del trabajo, aunque con él todo es muy ocasional. Rapidines en los que nunca termino; pero el rush de adrenalina es embriagante.

Y tengo uno más, uno que es un agasajo. Que cuando estamos juntos no sólo le abro las piernas, también el alma y mis miedos.

A todos ellos los disfruto y sé que ellos a mi.

Ellos lo saben, conocen perfectamente de la existencia de cada uno y están bien con ello. Entienden tan bien su rol en mis necesidades que me dan justo lo que les pido, sin pedir nada más a cambio.

Uno me tira fuerte del pelo mientras me tiene contra su incesante pelvis.
Otro me llena de besos después de los jadeos, siempre mientras estamos de lado, siempre entre sus fuertes brazos.
Uno más me pone a temblar cuando me encuentro bajo su torneado torso. Me estremece con palabras, miradas y caricias. Con bellas promesas que exhala en mis labios sin palabras.
El último siempre me da la espalda al terminar para que lo abrace y le dé mimos, creo que es el que más me quiere, creo que es al que más le duele que no seamos exclusivos.

Nunca se me juntan.
A uno lo veo cuando hay algún evento social, sólo jueves o viernes.
El segundo es para los sábados. Entrenamos un rato y después de sudar, nos ensuciamos. Al más querendón entre semana y al que resta los lunes por las mañanas.
No hay mejor inicio de semana.

En cada encuentro que tengo con ellos me roban el aliento, me quitan el sueño y a la vez me lo han devuelto. Duermo mejor desde que los conocí, desde que me entregué a cada uno de ellos y los hice míos. Me hacen las mañanas más placenteras. El alba ya no empieza con rayos de sol ni con un despertador; sino con miradas cómplices, besos confidentes y caricias sinceras, acompañados siempre de una sonrisa tan pro-metedora como el día que inicia.

¿Que cómo evito confundirlos?
Es fácil, todos ellos se llaman ¡Aahhh…!

Karo Gómez

Publicista Digital. Risueña. Sarcástica. Cruda. Espontánea. Colorida. Se recomienda discreción. Nativo es sexy. #Diseñañoña #SoyNómada

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