fbpx
1 3000 1 120 http://www.apolorama.com 960 1
site-mobile-logo
site-logo

Me corrieron.

Este artículo se lee en 4 minutos

Tenía que decirlo, así con todas sus letras. Ya está. De esto va el artículo de hoy, así que si no quieres aventarte el resto, lo puedes dejar hasta aquí.

Hace tiempo que quiero escribir de este tema y lo había dejado pasar porque evidentemente hay temas más importantes que me llenan, pero éste me vacía. Por eso y porque me lo debo, aquí voy.

El último trabajo que dejé, lo dejé después de que me corrieran. No, no es la típica actitud de, no me corres, me voy. Aunque no hubiera estado mal. Se fajaron su camisa en un pantalón prestado y me corrieron. Días después se les cayó el pantalón y noté la falta de huevos de mis ex jefes, a quienes les dio por negarlo hasta el último momento. Un par de cobardes con disfraz de valientes. Eso sí, hábiles para ahorrarse el dinero del finiquito.

Ese día me fui a celebrar. Un whisky, una copa de vino, el sonido del vidrio chocando en medio de un, salud y un mundo de posibilidades frente a mí. Mis hombros se sintieron ligeros de manera inmediata, mi sonrisa apareció de nuevo y mi conciencia se sintió tranquila.

Estaba viviendo uno de los momentos de alegría más placenteros en más de un año y todo, gracias a que me corrieron. Aunque fueran palabras vacías, como todas las que habían dicho durante el tiempo que conocí a esas personas.

El punto es que terminé sorprendido de la sorpresa que generaba en los demás mi respuesta, cuando preguntaban, cómo estás. Muy bien, me corrieron.

Y mientras a ellos se les caía la quijada, a mí se me dibujaba la sonrisa que a ellos les faltaba.

No estamos acostumbrados a escuchar verdades cuando hacemos una pregunta. Tenemos el modo predeterminado activado en la cabeza y vamos completando las preguntas que hacemos y las respuestas que nos van a dar. Vivimos en automático hasta para eso.

A lo mejor, por eso la gente dejó de preguntarme, cómo estás.

La gente no está acostumbrada a decir que la corren, mucho menos a escucharlo. Que complicado resulta explicarle a la gente que la sonrisa que te enmarca la cara es resultado de ese despido, que ha sido lo mejor que te pudo pasar, que es como quitarte una venda de los ojos, que el hecho de que te hayan dicho adiós, está bien. Que incluso a veces es necesario para darte cuenta que hay empresas en las que no tienes un lugar, porque no comparten valores, principios, ni visión y que eso, es lo mejor. El clásico no eres tú, soy yo, de las relaciones laborales.

Y es que no siempre tiene que ver con que no hayas dado el ancho en la empresa, -como les encanta llenarse la boca con esa frase y otras cosas- bien valdría abrir los ojos y darse cuenta que seguramente, esa empresa tampoco dio el ancho contigo, que te decepcionó, te quedó a deber. Y vaya que lo hizo.

No es que lo hayas hecho mal, es probable que lo hayas hecho bien, muy bien y que la gente responsable no lo haya notado, con intensión o sin ella. Sólo no lo supieron ver. O sí y tal vez por eso decidieron que lo mejor era deshacerse de ti. En un país como el nuestro, donde el éxito ajeno es el mejor pretexto para desear el mal, causar la envidia e intentar tirarte, no nos debería de sorprender que te despidan cuando haces un excelente trabajo.

Me despidieron, y estuvo bien. Por mí.

Llamar a las cosas por su nombre puede ser el mejor principio para aceptar las cosas como son, quitarles la etiqueta que las clasifica entre buenas y malas.

Llamar a las cosas por su nombre puede ser el mejor principio para dejar de mentirnos y empezar a vivir, de verdad.

Noe Silva

Publicista. Amante de la discusión. Firme militante del depende. Redactor creativo en ( anónimo ). En resumen, creo que el caos es necesario.

Anterior
John Wick 3' ,Si qui...
Siguiente
Festival Tecate Coo...