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Inversión al cero por ciento.

Este artículo se lee en 4 minutos

Qué haces aquí. Qué lees entre líneas. Qué te importa lo que tenga que contar, pero sobre todo, qué te interesa. Qué sacas de provecho, cuál es el valor o la utilidad.

Estás invirtiendo un tiempo que no volverá. Estás dejando minutos que no podrás recuperar nunca. Por eso piensa qué sacas de provecho.

Si después de preguntarte eso encuentras que la respuesta para los tres últimos conceptos es, nada, puedes evitar perder otros tres o cuatro valiosos minutos de tu vida y dejar hasta aquí el artículo de hoy.

De nada.

Pero si llegaste a esta línea y no piensas dejar de leer, entonces el interés está. Faltaría por definir de qué tipo es. Porque según el debate de sobre mesa del fin de semana, hacemos todo por interés. Y cuando digo todo, me refiero justo a eso, todo.

Trabajar, porque nos interesa no morirnos de hambre, otros dirán que por el interés de sobrevivir y algún rebelde podrá decir que porque le interesa realizarse, hacer lo que le gusta, lo que ama. Lo que ama. Aquí llega el tema que nos divide. Amor por interés.

Y no hablamos de los que aprovechan un apellido, una posición social o una billetera con obesidad. Hablamos de ese otro interés, uno menos fácil y tangible.

Cuando te interesa la vida de la otra persona, porque te interesa compartir con el otro, fragmentos de la tuya. Porque te interesa ver esa sonrisa todos los días. Porque te interesa sonreír como tonto apenas ves que te llega un mensaje de esa persona. Porque te interesa esa sensación de vértigo en el estómago sabiendo que todo está mejor que bien.

Y en el tono de lo romántico ya hemos librado el tema. Pero la pregunta sigue siendo si hay otro tipo de interés, del que es redituable en algo más tangible que los sentimientos o las endorfinas. Del que te deja algo tan visible como una marca de amor en el cuello.

Por eso la pregunta, cuál es el interés en amar a alguien. Cuál es el interés de firmar ese contrato, hablando metafóricamente, porque lo curioso es que cuando se firma de manera literal, entonces el amor parece escapar en la última gota de tinta que se derrama. Supongo que es una cuestión generacional.

Qué interés tienes en amar a alguien. Qué te hizo olvidarte de leer las letras pequeñas o qué te dio por ignorarlas con toda la intención. Qué interés tienes en andar por la vida sonriendo como si todo. Qué te hace pasar de todo como si nada.

Con lo terrible que resulta la incertidumbre, esa sensación de no saber si la persona en cuestión sabe que existes, si algún día te verá con los mismos ojos. Si algún día te verá. Si algún día.

Con lo extraordinaria y atractiva que resulta la posibilidad.

Y hasta aquí, cómo vamos con la parte de la rentabilidad.

Al parecer y según lo puesto sobre la mesa, amar a alguien no resulta redituable. Entonces, no hacemos todo por interés o tal vez no es un interés que se pueda encontrar a simple vista. Será entonces un interés que viene acorde al producto. Tal vez por eso también resulta invisible para los ojos.

Parece que al final, como todo interés se ve reflejado sólo a través del tiempo.

Justo cuando lo invertido es el tiempo y lo que recibes de vuelta es lo mismo.

El interés lo podrás ver reflejado en el aumento de las anécdotas, el incremento de las experiencias juntos, la inflación de los recuerdos en común y en la manera en la que el singular poco a poco se va convirtiendo en plural.

Un interés que curiosamente sólo llega cuando inviertes sin pensar en lo redituable que puede ser.

Una inversión que parece tener el cero por ciento de interés.

 

Noe Silva

Publicista. Amante de la discusión. Firme militante del depende. Redactor creativo en ( anónimo ). En resumen, creo que el caos es necesario.

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