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Intensa.

Esta vez no sé ni por dónde empezar, porque hoy en lugar de dar, hay cosas que te quisiera quitar.

Imagino que los pocos años que te llevo por delante me restan credibilidad ante tus ojos para decirte todo lo que te quiero decir, pero no es una cuestión de edad si no de la forma que tenemos de sentir. Somos de esos que los demás tienden a llamar intensos, mientras hacen cara de estar oliendo algo tan desagradable como su falsa estabilidad emocional. Lo que no saben es que ser intenso está bien, somos de los pocos que se atreven a sentir hasta sus últimas consecuencias, porque tenemos claro que la prudencia nunca será una vacuna contra el fracaso emocional.

Pero es que ni si quiera pretendo hablar de la intensidad, ni de las emociones, ni darte consejos de cómo caer sin lastimarte porque es de las pocas cosas imposibles. Al contrario, quiero contarte lo que se ve desde el suelo mientras estoy acostado junto a ti en este fondo tan lleno de posibilidades, tan lleno de cielo, porque para empezar la ventaja que tienen los que tocan fondo es que no les queda más que voltear para arriba.

Y hablando de caídas, quiero que sepas que la primera de ellas te dejará costra y la siguiente podrá volver a abrir la herida, pero es que después la resistencia será mayor y la sangre menos. Seguirá doliendo, porque a veces las cosas necesitan dolernos para recordarnos que estamos vivos. Así de jodido. Así de inexorable.

Quiero contarte además que cuentas conmigo para empezar a encontrarle alguna forma a las nubes, eso es la creatividad, ver lo que todos ven y encontrar lo que nadie más encontró. Y es que una vez que empiezas a descubrir la forma que tienen las cosas, es más fácil encontrarles sentido y razón. A partir de aquí, algunas logras entenderlas. De las demás, aprendes a amar su sinsentido. Y así logras saber que la paradoja, es de las pocas constantes en la vida.

También quiero advertirte de la peligrosidad del arrepentimiento y la culpa, que no son más que dos grilletes que te aprietan los pies y te encadenan al pasado. Ninguno de los dos vale la pena, rompe con ellos lo antes posible para poder seguir caminando.

De las pocas cosas que sé con seguridad y que son inevitables prefiero no contártelas porque la advertencia no podrá servir para que te salves de ellas, si no para generarte ansiedad y nervios por pensar en lo que podría ser. Que la ansiedad no es más que un exceso de futuro.

Quiero contarte que las lágrimas que puede provocar una espina son inversamente proporcionales a las sonrisas que antes causó la flor.Y a pesar de todo, deberías de alegrarte porque lo único que significa esto, es que amaste con la mayor intensidad posible y entenderás que no hay otra forma de hacerlo. Que amaste y lo hiciste bien y bonito con todo y el riesgo que siempre implica un amor correspondido.

Sola lo que se dice sola, no estás. Para empezar, te podrás dar cuenta que te tienes a ti y eso no cualquiera. Estás contigo y en seguida, me tienes a mí, que por nada del mundo pienso dejarte caer sin acompañarte, nos aventamos los dos, nos caemos los dos y el que se levante primero, levanta al otro. Como han sido todos estos años en los que siempre has sabido estar.

Qué más. Ah, sí, sigue sintiendo así. Amando así. Riendo así. Llorando así. Viviendo así. Porque no hay otra forma de hacerlo y porque el mundo es de esos a los que los demás llaman intensos.

Intensa.

Noe Silva

Publicista. Amante de la discusión. Firme militante del depende. Redactor creativo en ( anónimo ). En resumen, creo que el caos es necesario.

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