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FANDELLI, Literatura Underground de Guillermo Fadanelli

Este artículo se lee en 6 minutos

Fandelli

 

 

 

La obra

“Quiero escribir historias que se olviden y se desvanezcan como mi cuerpo interrogado y sometido a la tortura del patíbulo cotidiano. ¿Qué ha quedado de mí y de los viajes que la memoria conservó supuestamente intactos? Al rostro anclado en el espejo se lo han comido las ratas, y se hincha como un cadáver en pleno solaz. Ya no soy Fandelli, soy un recuerdo, tu recuerdo.”

De algo estaré cierto —yo, mitad perro, mitad hombre y verdugo— hasta que me muera y la risa de los sádicos disperse mis cenizas: la autobiografía no es posible. La conciencia de uno mismo no permite el descanso sideral o terreno, debido a que dicha experiencia no puede ser narrada, sino sólo esbozada. Quien sospeche que en mis libros escribo acerca de mi vida, mis aventuras y demás accidentes, es porque quizás no ha comprendido la broma que nos sepulta, la burda imposibilidad de transmitir lo que uno es.

Ésta es la historia de la nada que se ha tornado algo: que se ha convertido en sufrimiento, alarido, dicha y enfermedad; calles y letreros, esquinas, peanas de piedra, miasma perpetua y cortinas de metal; y después ese algo, ya sucio y hastiado, retornará a la nada.

 

Fragmentos ilustrativos

«Idiota, en México los artistas malditos no trascienden, se compran al extranjero, se compran los Baudelaire, los Bukowski y los Antonin Artaud, pero los mexicanos, ¿a quién le importan?»

«El fracaso es lo más hermoso que nutre la tierra, es una verdadera huella humana, él piensa así, Fandelli, como cualquier palurdo romántico, un Schlegel de barrio bajo, un Hamann que escupe en castellano y a quien nadie soporta ni comprende.»

«El portavoz del hospital confirmó a la madre que su hijo Fandelli no había llorado gran cosa, tiempo habría después para ello y para mucho más.»

«Acudes a la niñez para autoconmoverte y saltar del vacío a un vacío todavía más inhóspito.»

«Quieres provocar a las palabras, y no sabes que de esa jaula no se sale, te echaron del vientre de tu madre, pero de las palabras no te expulsarán nunca, ¿no te das cuenta? Una vez que entras en ellas ninguna enfermera podrá salvarte, mártir de letrina, gusanillo atascado.»

«Un buen hombre tiene que sufrir, sólo los malvados e hijos de la chingada son dichosos y no sufren. Y no sufren porque ellos han empedrado el camino a las catacumbas.»

«¿Quién puede verme como yo me veo? Nadie, y allí se acabó la historia, el chisme, la filosofía y todo entendimiento entre brutos. Sólo los artistas pueden transmitir algo a otros antes de que los consuma el odio y el fracaso.»

«Desempeño mi papel por inercia irrebatible. Nada de lo que acaece en nuestro mundo puede ser o darse de otra manera, allí reside el centro, fuerza y ombligo de la maquinaria, en creer que algo será distinto a lo que tiene que ser.»

«¿Qué se hace con los recuerdos, Fandelli? Son como los números, existen, lo son todo y a la vez son evanescentes, no los puedes palpar, están allí escondidos detrás de las cosas y los hechos que verdaderamente suceden.»

«La felicidad se cae a trozos variopintos, Fandelli, y nadie es capaz de reunir esos fragmentos y dotarlos de alguna clase de coherencia o de verdad contundente.»

«Para beber hay que ser desgraciado, si no lo eres estás desperdiciando el alcohol.»

 

 

Guillermo Fadanelli nació en la ciudad de México en el Hospital del Sagrado Corazón ubicado en Calzada de Tlalpan. Un hospital que ha dejado de existir: ahora es un hotel. A los nueve años libra su primera pelea con los puños y un niño al que apodaban el Caperuza le parte la madre. A los once años, su padre lo mete a una escuela militar donde en lugar de corregirse se hace más cínico. A los trece gana su primera pelea después de un amplio historial de derrotas. A los dieciocho tiene su primer auto: un Rambler 67. Su primer viaje es a San Francisco a los veintiuno. Allí conoce a su tío Johnny, ex-combatiente de Vietnam, quien lo inicia en el arte de beber toneladas de cerveza. A principios de los años ochenta entra a estudiar Ingeniería y nunca obtiene el título porque evita entrar a clases. Aquí es cuando la literatura comienza a ser interesante para él. En Ingeniería conoce a Yolanda Martínez y al lado de un grupo de amigos funda la revista Moho. Su primer libro se titula El día que la vea la voy a matar publicado por editorial Grijalbo. A principios de los noventa cuida árboles de Navidad en la esquina de la 87 y la Segunda Avenida de Nueva York: le pagan 1,500 dólares. Después trabaja como dependiente de una pastelería en Madrid; no recibe sueldo, pero a cambio de su trabajo le dan techo y alimentos. Vive en Berlín un año y se sorprende que sirvan tibia la cerveza. También se interesa en la biografía de los Hohenzollern. En Bogotá y La Habana hace buenos amigos. En Lima deja plantada a la prensa (un diario anuncia su desaparición y posible secuestro) y en Graz va a beber con el director del Museo de Criminología. Ha publicado varias novelas y se aferra a seguir al frente de Editorial Moho. Ya casi no tiene amigos porque los ha perdido con el pasar de los años. Y parece estar muy contento.

 

 

Denisse De la Parra

www.denissedelap.com

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