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Envidia hermano, envidia.

Ilustración por: @clauslva
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Eso no se dice, eso no se hace y eso no se toca.

 

Así empieza este artículo y también lo dice una canción de Serrat. Esto y muchas prohibiciones más y muchos eso no está bien que adoptamos en forma de herencia. Los niños no lloran, las niñas no ven porno. Los niños son rudos, las mujeres delicadas.

Prohibiciones que intentan domesticar, como diría el mismo cantautor. O el principito, por hablar de otro loco bajito.

 

Y así también nos van dejando sus prejuicios bien masticados, listos para calentar, y salir al mundo a cagarlos, porque incluso nos los dieron digeridos.

 

Déjame decirte lo que está mal, para que lo asumas y lo repitas por ahí como si lo supieras de cierto. Déjame decirte lo que está bien, para que prediques con eso, aunque no lo tengas comprobado, aunque nunca lo hayas sentido.

 

Y en una de esas se les salió hablar de la envidia, de esa cosa tan natural que se siente desde que somos niños.

Eso, sentir envidia por los demás está mal, no lo hagas, no lo pienses, no lo digas y sobre todo no lo sientas. Así crecimos algunos y otros más, aunque no dejaron de sentirlo, dejaron de decirlo.

Y a mí que me da por llevar la contraria, siempre me ha gustado decir cuando siento envidia de alguien. Porque sí, porque me da igual y sobre todo, porque nunca me ha parecido malo.

 

Hace unas semanas, mientras se celebraba la edición número de 28 de un concurso de publicidad en México, habló uno de los creadores de la publicidad que me hizo querer estar en esta industria, que por cierto, también fue jurado en una de las categorías.

 

Pepe Montalvo contaba cual fue la manera de calificar las piezas, el sentimiento clave: la envidia.

Haber deseado que esa pieza fuera tuya, que hubiera salido de tu cabeza. Esa fue la medida para definir quién sería merecedor de un primer lugar en su categoría.

Y yo, que siempre he sido defensor de este sentimiento me erguí en mi asiento, escuché atento y después de eso, empecé a escribir este artículo desde la pantalla de mi celular.

Insisto, la envidia no es mala y sin querer rimar a propósito, puede ser muy sana. Es desear haber tenido esa idea, es desear estar en ese lugar, es querer algo, es observar un objetivo cuando alguien más ya lo alcanzó.

 

Porque no todo lo que nos dijeron alguna vez tiene que ser la verdad absoluta. Porque no todo lo que parece malo lo es, ni lo que sabe bien nos hace ídem.

No sólo hay que envidiar, habrá que decirlo también.

 

Hay que envidiar, envidiar mucho y hacerlo bien. Y hacer lo propio también, porque si hay algo que produzca más satisfacción que sentir envidia, es provocarla.

 

Porque la envidia es un yo también, antes que un tú ya no.

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Written by Noe Silva

Publicista. Amante de la discusión. Firme militante del depende. Redactor creativo en La DobleVida. En resumen, creo que el caos es necesario.