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Déjame te cuento.

Este artículo se lee en 3 minutos

Te prometo que no es una historia, ni las veces que has fallado. Mucho menos tus aciertos.

Déjame contarte que existen cosas que no pueden contarse y mientras más te preocupas por contarlas, es entonces cuando dejan de hacerlo. Pero sobre todo, dejan de sumar.

Y es que vamos por la vida preocupándonos por no ser uno más y en medio de tanta preocupación, terminamos formando parte del montón. Una estadística más. Parte de un colectivo. Preocupados por ser el número uno, al que lo acompañen varios ceros a su derecha y no al revés. Que el valor que tengas en un trabajo es directamente proporcional al número que venga en el cheque al fin de mes. Formamos parte de un sudoku, transformamos la realidad en matemáticas.

Lo importante son los kilos que has bajado, no el por qué. Mucho menos cómo te sientas hoy.

Lo importante son los meses que has cumplido, las fotos que has subido a tus redes agradeciendo por tanto amor, la cantidad de likes, no las risas, ni las lágrimas que te has evitado.

 

No hemos entendido la diferencia entre costo y valor.

 

Que una sonrisa vale, la tristeza que nos ha costado dejar atrás.

 

Vivimos obsesionados por los números. Incluido el volumen del radio, que quede en número par y jamás en trece, no vaya a ser. Los años, se tiene que enterar el mundo, maquillarnos la nariz con merengue por haber llegado a un número más. Contamos cuántas páginas nos quedan para terminar el libro. Los pasos que damos, los kilómetros, los escalones que bajamos, las horas que trabajamos. Y las que faltan para vernos. Nos la pasamos contando las cosas que vienen de fuera sin preguntarnos si nosotros también contamos. Sin saber si le sumamos a alguien o mejor aún, si somos capaces de multiplicarnos. De ser esa persona que se convierta en exponencial.

Pantometristas cotidianos, que poco a poco pierden el sentido emocional.

Si eres de los que se fija en la cantidad y dejas de lado la calidad, ojo ahí. Que modificar la percepción siempre tiene su precio. Y no es monetario, deja de contar el dinero. Que hay que darse cuenta de que uno es rico, aún teniendo la cuenta en ceros.

Medir todo es encajonarlo. Y lo que se encajona corre el riesgo de perderse.

De lo que no nos damos cuenta es que para ser algo, hay que empezar siendo. Nada más, pero nada menos.

Déjame te cuento que es mejor cuando dejas de medir todo, de medirte a ti, para evitar pensar que cualquier cosa que no se puede medir es invisible y que por lo tanto no existe. Porque al parecer el ser humano sólo entiende aquello que es capaz de ver.

Así de lamentable como suena. Así de real.

Y es que no es contar las cosas, si no hacer que las cosas cuenten. Que no es lo mismo. Para la segunda, el esfuerzo que necesitas hacer está en tus sentidos, estar ahí. Ser consciente, incluso de que todo acaba.

Como este artículo.

Por cierto, no sé si lo notaron, pero este artículo tiene 518 palabras.

Noe Silva

Publicista. Amante de la discusión. Firme militante del depende. Redactor creativo en ( anónimo ). En resumen, creo que el caos es necesario.

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