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De “Atenas de México” a cuna del lavado de dinero: “Olinka” del escritor tapatío Antonio Ortuño

Este artículo se lee en 3 minutos

Guadalajara y su área metropolitana, principalmente el municipio de Zapopan, uno delos más grandes en extensión del país y, también, de los más bellos y pujantes, alguna vez gozaron de tranquilidad; sin embargo, su realidad fue transformada de forma radical y de ser calificada como la “Atenas de México” es hoy la ciudad más vigilada por agencias estadounidenses que combaten el narcotráfico debido a que ahí se localizan más de la mitad de las principales empresas lavadoras de dinero.

En Olinka, la novela más reciente de Antonio Ortuño, publicada bajo el sello editorial Seix Barral, el autor crea un drama en la “Perla de Occidente” sobre una familia de lavadores de dinero, quienes bajo una imagen de honorabilidad y rectitud cometen toda clase de tropelías que ocultan bajo una exitosa estrategia de desarrollo de negocios.

Aurelio “Yeyo” Blanco, miembro de esa familia por circunstancias de la vida,
se convierte en el chivo expiatorio de una serie de delitos que rondan el complejo
habitacional Olinka, que aunque se inspiró en un sueño del Dr. Atl -quien pretendía
fundar una ciudad para científicos y artistas-, distaba mucho de la idea original
porque no solo abrió la puerta al dinero sucio, sino que en su origen confluyen corrupción, tráfico de influencias y desapariciones.

La trama resulta impactante y verosímil, más porque el autor contrasta el drama con la explosión habitacional que ha transformado para siempre la apacible belleza de la Zona Metropolitana de Guadalajara, donde los rascacielos y fraccionamientos bardeados, que los tapatíos llaman cotos, hablan de una pujanza económica que no pocos han señalado como producto de negocios sucios que han sido realizados con la complacencia de la sociedad.

“¿Están construyendo mucho?”, es una de las primeras preguntas que hace Blanco, tras abandonar la prisión donde purgó una pena de 15 años para salvar a su suegro, el patriarca del clan Flores. “Decenas de estructuras con forma de te, apiladas a distinta altura en torno a construcciones en diversos grados de avance. Edificios de veinte o treinta pisos, mayores por mucho a los que Blanco recordaba en el horizonte”.

Blanco recuperó la libertad, pero también pretende hacer lo mismo con su vida, que incluye una esposa y una hija ausentes que lo desprecian, y cobrarle a su suegro el dinero acordado cuando él aceptó cargar con culpas que no le pertenecían; sin embargo, no hay facilidad en esos cometidos, sobre todo, porque sabe que su cabeza tiene precio.

 

 

 

ANTONIO ORTUÑO (Zapopan, 1976): Ha sido reconocido con el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero (2017) y el Premio Bellas Artes de Cuento Hispanoamericano Nellie Campobello (2018) y sus obras se han traducido a media docena de idiomas. Diversos medios en México, América del Sur, España y Alemania han seleccionado sus novelas como libros del año. Es colaborador habitual del periódico El País. Otros libros publicados: Las novelas El buscador de cabezas (2006), Recursos humanos (2007), Ánima (2011), La fila india (2013) y Méjico (2015), así como de los libros de relatos El jardín japonés (2007), La Señora Rojo (2010), Agua corriente (2016) y La vaga ambición (2017), además de las novelas juveniles El rastro (2016) y El ojo de vidrio (2018).

Denisse De la Parra

www.denissedelap.com

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