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Cuarenta.

Ilustración de @clauslva
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Segundos, ni si quiera primeros.

Cuarenta, menos de sesenta. Fue más de la mitad, pero menos del entero. Y con eso tuvimos.

Cuarenta segundos fueron suficientes. No sé si necesarios. Pero suficientes, sí.

Llega un día en que la vida manifiesta su esencia disfrazada de aniversario. Sarcástica. Paradójica. Reiterativa y cabrona.

No sé bien si le dio gusto celebrar con nosotros un aniversario número treinta y dos o el brinco la tomó por sorpresa como a nosotros. Sacudiendo todo lo que teníamos y no nos habíamos dado cuenta. Dejando nuestras sonrisas en ruinas y tomando los escombros que teníamos tirados de humanidad para reconstruirnos de nuevo.

Planes que se quedaron a la mitad. Comidas pendientes que no llegaron. Llamadas que no se hicieron. Lo siento. Te quiero. Perdón. Palabras que también se derrumbaron, que nunca llegaron a su destino porque se quedaron entre los escombros.

Cuarenta segundos. Ni más, ni menos. Fue el tiempo que tardó la CDMX en sacudirnos incluso por dentro. Fue el tiempo justo para decirle a más de uno que ya no había tiempo.

Fue más del tiempo que le tomó a la gente decidir ayudar. Decidir levantar una piedra. Decidir callarse para escuchar. Porque eso sí, si el ruido de un edificio cayendo es impresionante, el silencio que se pedía con el puño arriba era escandaloso hasta decir basta. Llegaba hasta el lugar dónde la piel se pone chinita.

Tiempo suficiente para decidir alejarse o quedarse a ayudar. Como si hubiera algo que pensar.

En cuarenta segundos te cambia la vida y no te lo viene a contar un libro de autoayuda. Viene un terremoto y te lo dice a brincos, a punta de tragedia. Esa sacudida en el alma que no te esperabas. Esa sorpresa que llega y que nunca pediste. Esa forma que tiene la vida de decir que dejes de asumir que te queda tiempo. Que dejes de posponer planes. Que mañana tal vez ya no está.

Y tú y yo aquí, haciendo planes para el mes que viene, que en una de esas termina cancelando su visita. Espero que no. Toca madera. Mándame un mensaje o dime dónde nos vemos que el tiempo ya no es mañana, ya no es la próxima semana. El momento es ya.

Hoy los tiempos han cambiado y el pasado, presente y futuro también se derrumbaron y ahora tendremos que conjugar todo en un ya.

Habrá que cambiar el programa escolar.

Y también hay que decirlo. De entre los escombros salieron más mexicanos de los que alguna vez se habían contabilizado.

Mexicanos de todo el mundo. Mexicanos a los que lo único que les falta es la nacionalidad. Esos mexicanos que son de México porque les dio su rechingada gana. Porque ahí es dónde nacen los mexicanos y sino que le pregunten a Chavela.

 

Cuarenta segundos les bastaron para aprender el lenguaje necesario. Sí, el del amor. Pero también el de la solidaridad.

 

Cuarenta segundos bastan para perder la vida. Pero también para empezarla a ganar.

 

Cuarenta segundos para replantearse todo.

 

Cuarenta segundos para marcar el teléfono.

 

Menos del tiempo necesario para decir te quiero.

 

Cuarenta segundos. No más.

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Written by Noe Silva

Publicista. Amante de la discusión. Firme militante del depende. Redactor creativo en La DobleVida. En resumen, creo que el caos es necesario.