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Bandersnatch: El libre albedrío no existe, son los papás.

Este artículo se lee en 8 minutos

El año estaba por culminar y, parecía que Charlie Brooker, Netflix y compañía cual “hoy no amor, me duele la cabeza”, nos iban a dejar con las ganas de quedar impactados con un poco de distópica narrativa, sarcasmo y crítica social con alguna nueva entrega de la aclamada Black Mirror.

Por suerte no ocurrió así. Noviembre nos decía adiós y de pronto una bomba sacudía las redes de los fans de la serie producida por la startup de streaming. ¿Era otra temporada? ¿Era una película?¿Era sólo un especial? Se hacía llamar “Evento” y resultó que la presentación a la que Netflix nos tenía acostumbrados en esta ocasión no nos permitiría el “Chill”, ya que se trataba de una experiencia interactiva donde, a través de una toma de decisiones determinabas el desarrollo de la historia, como un videojuego en donde no juegas y el chiste de jugarlo es arruinarle la vida a Stefan de la manera más sádica posible.

Desafiante, incitador,  salvaje, cruel y despiadado.

Una historia con millones de posibilidades de ser contada, cinco finales distintos, y una trama que te deja absorto luego de hacerte la ilusión de controlar a un personaje, cuando en realidad el que está siendo controlado por un sistema de decisiones eres tú, son algunos de los puntos a favor que, si no te has dado esta joyita, podrías tomarlos en cuenta para aplastarte a no hacer nada y darle play a esta entrega que tiene como objetivo principal revelar al despiadado sádico que, seguramente se encuentra en el más alejado y recóndito espacio de tu ser y, luego de un estímulo lo suficientemente Black Mirror saldrá a la luz.

Lleno de referencias que van desde el año (1984) en el que supuestamente se desarrolla la aventura, hasta algunos elementos mostrados anteriormente en la serie, Bandersnatch es un cuento distópico el cual es muy recomendable que te des, para luego dar parte a una charla chida desarrollando teorías de control mundial.

Nuestro experimento y sus highlights.

La banda de Black Mirror México y diversos medios digitales que estaban al margen del lanzamiento, informaban que sería hasta las dos de la madrugada del día de los inocentes que esta maravilla estaría disponible en territorio mexa y tan sólo en algunos dispositivos que tuviesen la insignia roja. Un poco de energetizante de ese del que tiene un torito rojo (evitamos poner marcas para no hacerle publicidad gratis a Red Bull), algunos chocolates y muchas idioteces con alto valor calórico y muy buen sabor fueron el kit de supervivencia necesario para hacerle frente a una larga noche que, seguramente culminaría sin haber descubierto todas las formas infinitas de presentación que nos obsequiaría Bandersnach.

Al principio, una descomunal decepción invadía hasta el más recóndito lugar de mi pequeño corazoncito de pollo debido a que la actualización del Netflix que había en mi obsoleto Android no era la indicada para poder arruinarle la vida a Stefan y en lugar de empezar a tomar decisiones un mashup hecho con varios fragmentos de la serie, acompañado con una narración corporativa sentían mucho que no me alcanzara para otro dispositivo y me explicaban que podía hacer para no sólo ver un tráiler. Luego de una actualización, algunos minutos de carga y algunas golosinas, por fin el intro se hacía presente y comenzaba la emoción.

Iniciaba la primera partida que constaría de un total de 34 decisiones tomadas hasta llegar a los créditos. Al principio se veía un poco predecible, un simple caso de trastorno en un genio que iba a darle una bofetada al mundo con su creación. La paranoia traída a la pantalla con un poco de suspenso. Drogas, frustración y estrés. Algo convencional hasta que, de pronto, los bucles hacen su aparición, el pasado se transforma, la trama cambia y te lleva a las decisiones más extremas. Lo siento, no hay una salida fácil, no puedes elegir evadir el conflicto, es más, no eres más que un ratón guiado entre un laberinto con una sola salida que, de haber pensado de la manera más retorcida posible, habría ahorrado tiempo (tal vez) y la obra terminaría estremeciendo por completo las ideas que puedan habitar en una mente despierta a las cuatro de la mañana mientras es semi consciente de su existir.

Durante la primera partida traté de no irme por el camino sádico, evitaba las agresiones al padre o sólo lo enterraba. Terminó muchas veces, se llenó de bucles y pues si estuvo chido pero como diría algún creativillo de por ahí “le faltó un poco de punch”. Mi hipótesis enseguida fue que, evidentemente, esta sería una edición que sacaría a flote esa parte de la personalidad que ha hecho a personas en cautiverio escribir con sangre. Cabe mencionar que, de las dos opciones que daba Netflix, la pelea se me hizo una mam*da. En donde se sale del guión si me sacó de onda pero se me hizo muy meh.

Tenía una perspectiva más amplia ahora y conocía el terreno. Algunas decisiones al principio me llevaron directamente al bucle pero, a pesar de iniciar con el pie izquierdo, al tomar las decisiones extremistas le dio sabor a la historia y además logré descubrir algunas partes más que no había podido ver en la primera partida, después a comprobación experimental había sido ejecutada y la hipótesis se convertía en acertada,  la idea era llevarte al límite, poner a prueba tus umbrales de asombro al destazar un cuerpo en lugar de enterrarlo y dejarte llevar por la fría imaginación del más despiadado asesino.

En fin. Luego de dos intentos, algo de sueño y un amplio repertorio de historias, una duda irrumpió por completo el espacio mental ¿realmente elegimos? Aquel episodio se desarrolla en los ochentas. Hoy, la tecnología es como un marcapasos para el humano de Instagram. La privacidad es algo que ya no existe. Piénsalo, hay gente que cree fake news. El ecosistema de los contenidos está en ocasiones putrefacto con tendencias sin sentido. Nos unimos al mame por no quedar fuera de onda. Tus buscadores te conocen tan bien que son capaces de guiarte a unas vacaciones Tumlr GOALS desde el la inseminación de la idea mediante equis forma de contenido transmedia, hasta las sugerencias de Airbnb y demás servicios necesarios para que aquella meta se haga realidad. En muchas ocasiones somos nada menos que un número que conforma estadísticas de grandes empresas que buscan rebasar sus cuotas anuales a través de estímulos al comportamiento. En ocasiones pienso que si, efectivamente elegimos y somos conscientes de lo que hacemos. Decidimos entre blanco, negro, hacer, no hacer, decir o no decir. Se supone que somos seres racionales que son responsables de sus actos. Luego escucho referencias, veo comportamientos masivos, observo mi corte de cabello al espejo y lo dudo.

Por cierto, si están igual de obsoletos que yo y están usando una cuenta ajena, sean agradecidos con la vida y cómprenle una caguama o algo a ese amigo o amiga con el corazón más grande que una ballena que comparte un poco de esa dosis de felicidad en forma de intro blanco en el fondo y rojo en la tipografía. Estás bien rifada, Móni.

También estaría increíble que nos contaras que onda con la historia que fuiste formando y si te gustó o la neta no.

Yered Urbina

404 Not Found | Me gusta descubrir mentes, las letras chidas, los buenos beats y tomar café | Los viernes recopilo memes en @apolorama

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