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3,2,1… ¡Go!

Este artículo se lee en 4 minutos

Empieza el año y ya voy tarde, este artículo se debió de publicar hace una semana. El tiempo viene en contra sentido y cada vez se me nota más en alguna que otra cana, en las ojeras que traigo como segunderos y en estas ganas que me funcionan mejor como batería.

Empieza el año y hay que replantearse algunas cosas, empezar de cero o de nuevo, me da igual como lo quieras llamar. Es la oportunidad para todos los ahora sí. El disparo de salida para los hoy voy a cambiar, actitud de año nuevo patrocinada por la Dalesio.

 

El primero de enero es y siempre ha sido el botón de reset de nuestro modem.

 

El pretexto perfecto para limpiar culpas, para perdonar lo imperdonable, para abrazar, para reinventarse. Como si no lo pudiera ser cualquier otro día.

La fecha perfecta para subir las ventas de libros de autoayuda.

Empieza el año y el café y las personas adecuadas se están presentando de a poco, con propuestas, con preguntas, con motivaciones que no les he contado todavía, pero que algunos ya podrían empezar a imaginar a partir de este párrafo. O sin él.

Y entre todo este nuevo reinventarse y comenzar de nuevo me dio por pensar en algo de lo que nunca fui fan, pero que pasados los años le empiezo a encontrar sentido, los videojuegos. No es un artículo dedicado a los gamers pero seguramente ellos me podrán entender o asegurar que esta locura se está saliendo de control, pero es que encontré una similitud entre el juego que juegan ellos y el que jugamos fuera de la consola.

En el que tienes varias vidas y aquí no nos vamos a poner metafísicos, pero oye, los que saben te dicen que hay que saber donde arriesgarlas. Seguro te suena conocido.

Y luego vienen las partes difíciles en un solo mundo, donde si encuentras el patrón, pasas el reto sin problema. Que al patrón no le vamos a poner nombre y apellido, pero podríamos llamarle cotidianidad.

Y en medio de tanta cotidianidad, sobrevivimos, pasamos el mundo, cambiamos de nivel. Que venga el siguiente, que seguro también sobrevivo. Sobrevivo. A esa palabra le sobran cinco letras, con la de falta que hacen otros lados. Se las podríamos regalar a los que escriben reggaetón.

Y si no sobrevives, si por algún error de cálculo, falta de herramientas o de tenacidad mueres en ese mundo, tienes que repetir todo. Volver a empezar. Repetir hasta que aprendas, que mientras eso no pase volverás a caer en el mismo lugar. Volverás a morir por la misma razón. Algo así como la teoría del eterno retorno de la que hablaba Nietzsche. Tu mundo se extingue para volverse a crear.

Curiosamente, cada mundo tiene pasadizos secretos, lugares ocultos en los que puedes encontrar cosas como elementos de trueque, herramientas que te hacen mejor y en algunos puntos hasta puedes ganar más vida. No sé si te parezca curioso, pero a mí me hace sentido, ganar más vida. Me hace pensar que de eso se trata el juego. De descubrir esas partes que no vienen marcadas en el camino, que no se ven, que no son obvias, que hay que descubrir, que hay que arriesgar para encontrar. Empieza a sonar emocionante esto de vivir. O de jugar. O de como lo quieras llamar.

 

Y si desde que naces ya tienes el tiempo en contra, está mejor pensar en ir ganando cada vez más vida.

Noe Silva

Publicista. Amante de la discusión. Firme militante del depende. Redactor creativo en ( anónimo ). En resumen, creo que el caos es necesario.

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