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A quien no le han pasado por la cabeza frases, imágenes, momentos de una relación que ya terminó —como si éstos fueran pequeños snaps llenos de dolor — en situaciones que, al parecer, no tenían nada que ver, nunca sufrió un desamor.

Esa desesperación por no entender el porqué se presenta ese recuerdo cuando se supone que todo iba mejor.

 “¿Por qué ahora? ¿Dónde había estado todo este tiempo?”, gritamos en nuestros adentros y disimulamos el malestar.

Pero , ¿qué pasaría si en esos breves episodios se nos presenta algo que no ha pasado, pero que es igual de doloroso? ¿Un divorcio? ¿La muerte de una hija?

Imaginemos también que tenemos la posibilidad de usar esa información futura para reconfigurar nuestro presente y entender el tiempo como un constante salto dentro de nosotros mismos.

¿Evitarían esas situaciones dolorosas? ¿O dejarían que la vida tomara su curso? Por supuesto. Al menos eso es lo que piensa la lingüista Louise Banks (interpretada por Amy Adams) cuando le es compartida esa habilidad en Arrival.

Dicho filme es dirigido por Denis Villeneuve, y es la adaptación cinematográfica del relato Story of Your Life de Ted Chiang, sin duda es una de mis películas favoritas del año.

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Con algunas carencias técnicas en los efectos especiales pero un soundtrack y diseño sonoro excelsos, Arrival logra hacernos grandes cuestionamientos sobre el lenguaje, el tiempo y la humanidad.

¿Es acaso el lenguaje la base de cualquier civilización? Obviamente, pero ¿qué pasa si deconstruimos a ésta como una organización, y ésta a su vez a una pareja, ¿acaso no es ese lenguaje construido en conjunto lo que hace que cualquier referencia nos presente esos snaps cargados de dolor y melancolía?

Y esa construcción, sin duda, es tan paulatina que deja de notarse. Desde una presentación como “Yo soy Louise” y “Él es Ian”, hasta el cuestionamiento de las intenciones de cada implicado, pero ya con un vocabulario en común: tal y como dichos personajes lo hacen con los llamados “heptápodos”, seres extraterrestres que se instalan en la Tierra sin ninguna razón aparente.

Por otra parte, ese entendimiento diferente del tiempo nos hace cuestionarlos la posibilidad de estar viviendo ciertas situaciones cíclicas y de cómo tenemos la tarea de resolverlas cada vez de mejor manera, con más conocimiento y conciencia de las consecuencias.

¿Es acaso esa aceptación perenne de la vida el camino más sano? ¿A pesar de lo cambios, las separaciones, la muerte? Me parece que sí, y tal vez deberíamos repetirle a esa imagen el “Come back to me” que Louise insiste tanto en decirle a su hija.

Escribe:

Montserrat Bonilla
Coleccionista de palabras, de día; coleccionista de historias, de noche. Consultora en PR y comunicación, especializada en empresas con base tecnológica. Un poco queer, un poco loca.

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