Porque todos merecemos una mejor primera vez

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Muy a mi pesar, “2 Girls 1 cup” fue el primer video pornográfico que vi, y no crean que por gusto o morbo, sino me lo mostraron para contextualizar sobre una plática ajena.

En retrospectiva, ese hecho, más allá de provocarme un trauma (como supongo que le ocurrió a varios), me hace desear haber tenido una primera vez distinta en el consumo de contenidos pornográficos como fuente de entretenimiento y recreación.

El tabú alrededor del tema entre mis diferentes grupos sociales me orilló a una experiencia torpe, escabrosa, traumática… quizá muy similar a otras primeras veces.

Y es que si mucho se ha hablado de lo grave que es aspirar a vivir una sexualidad al pie de la letra de lo que se ve y actúa en el mundo de la pornografía, las recientes declaraciones de Pamela Anderson en The Washington Post y el huracán de posturas mediáticas no dejan más que causarme una gran decepción.

Por un lado, qué grave es seguir satanizando de manera extremista una industria que siempre ha pregonado por ser ficción, no realidad; y cuando no todo lo que está allá afuera es sexista, ni violento, ni mucho menos causa ese efecto de ser peores hombres o esposos que menciona Anderson.

La siguiente pregunta sería, ¿qué pasa entonces con las mujeres consumistas de este tipo de contenidos? ¿También se alejan de la expresión plena de su sexualidad? Lo dudo muchísimo.

Quizá si se hablara continuamente del tema, se conociera de una manera natural la diversidad de contenidos, el espectador podría construir un juicio sobre lo que prefiere desde sus primeros acercamientos.

Este video de kornhaberbrown es un ejemplo claro del tipo de material informativo que necesitamos para revertir cualquier efecto “negativo” de la pornografía.

Pero sobre todo, debemos entender la principal función de dicha industria: entretener.

No obstante, en lo personal considero que, la cobertura mediática que se ha hecho de las declaraciones de Anderson y la sorpresa de cómo, una actriz y modelo que ha (y cito) “expuesto” su cuerpo a lo largo de su carrera tiene una postura tan radical sobre la pornografía, es lo más grave.

Tanto pornstars como editores han manifestado contra Anderson que si ella ha posado desnuda necesariamente es aficionada a la pornografía.

Un símil a esta visión tan reduccionista podría ser que si me visto como mujer necesariamente me gustan los hombres, por ejemplo, o bien, como soy feminista detesto TODA la industria pornográfica.

Al parecer seguimos asociando estereotipos que se convierten en juicios gravísimos que atentan en contra de nuestra libertad, como el caso de Anderson, pero también para todos quienes consumimos pornografía y quienes somos “perdedores”.

Escribe:

Montserrat Bonilla
Coleccionista de palabras, de día; coleccionista de historias, de noche. Consultora en PR y comunicación, especializada en empresas con base tecnológica. Un poco queer, un poco loca.

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