“¿Estás rasurada? Las tartas peludas no se venden bien”, le dice la colega de Nino Quincampoix a Amélie Poulain cuando trata de indagar un poco más sobre él llamando a uno de sus tantos trabajos: una sexshop con cabinas donde mujeres son videograbadas.

Dicha frase, jamás se me va a olvidar, no sólo por ser un momento muy cómico en el filme Amélie: la expresión del personaje interpretado por Audrey Tatou es memorable, sus ojos, su respuesta, su titubeo; sino por la connotación tan machista que expresa.

Dentro del filme, se refiere a las preferencias de los consumidores de una industria en específico: la pornografía, pero lo grave es que pareciera que por mucho tiempo (muy en el fondo y aunque no queramos aceptar) las mujeres hemos estado condicionadas a ciertos estándares de belleza que tienen bases patriarcales, en búsqueda de la satisfacción y gusto del hombre y que se refuerzan por los diferentes discursos mediáticos, llámese publicidad, televisión, cine…

En ese caso,  la obligatoriedad de la depilación del vello corporal.

No me malinterpreten. No tengo nada en contra del filme (ni con la depilación), de hecho me encanta, pero es muy curioso cómo una simple frase podría resumir tanto de nuestra mentalidad como sociedad… bueno, hasta hace poco.

2015 fue uno de los años con mayores manifestaciones feministas en redes sociales y plataformas en línea sobre ese tema y otros a favor del empoderamiento de las mujeres a través de la aceptación del cuerpo. Mujeres se dejaron crecer el vello en diferentes partes del cuerpo, artistas dedicaron su obra al tema y críticos dieron su opinión al respecto.

La marca sueca  & Other Stories es un ejemplo claro de esa apertura en los estándares de belleza, pero también lo es la fotógrafa Ashley Armitage con su exposición “Into You”. (Incluso marcas como Fur o Natural Spa Factory ofrecen una serie de productos para la belleza y estética del vello púbico).

No obstante, hoy en día, lo más importante es que diferentes marcas hayan comenzado a integrar una libertad de elección entre depilarse o no, maquillarse o no, usar tacones o no, entre otros estereotipos de género que lejos de incentivar nuestra autoestima y seguridad en nosotras mismas, nos convertían en una “tarta” a gusto y preferencia del sexo masculino.

Esperamos que éstas y otras manifestaciones “contraculturales” continúen y nos quitemos de tantas telarañas sobre lo que es estético o puramente femenino. 

Escribe:

Montserrat Bonilla
Coleccionista de palabras, de día; coleccionista de historias, de noche. Consultora en PR y comunicación, especializada en empresas con base tecnológica. Un poco queer, un poco loca.

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