Cuando la tecnología toca las puertas del erotismo

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“¿Tener sexo con un robot? ¡Qué triste!”, dijimos tras leer la nota de Daily Mail sobre la declaración de la Dra. Helen Driscoll sobre la normalidad social que tendrá el uso de maniquíes sexuales en los próximos 50 años.

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De acuerdo con la investigadora de la Universidad de Sunderland, en un futuro las relaciones físicas llegarán a ser vistas como primitivas e incluso aquellas interacciones íntimas con androides podrían mejorar nuestra salud mental, pero, de verdad ¿nos parece tan sorprendente esta declaración?

Estamos tan acostumbrados a interactuar con nuestros semejantes a través de múltiples canales tecnológicos y la realidad virtual toca las puertas de más y más industrias; hemos visto infinidad de filmes de ciencia ficción donde acontecen relaciones entre humanos y androides, y no podemos dejar de lado una industria de juguetes sexuales que tiene ingresos anuales de más de 15 mil millones de dólares y que para 2016-2020, crecerá a una tasa de 6.91% anual.

Me gustaría preguntarnos si todo esto nos ha conducido alguna vez al aislamiento o depher-1resión, o bien, si ha afectado directamente a la humanidad, ¿nos ha alejado de ser empáticos? ¿de enrolarnos en conflictos amorosos? Lo dudo muchísimo.

 

Honestamente agradezco que la tecnología toque la puerta del erotismo.

Sin ella, la industria de sex toys no hubiera cambiado tan exponencialmente,  y es que pareciera que desde la invención del primer vibrador (para erróneamente tratar la histeria) a finales del siglo XIX, científicos y tecnólogos han buscado resolver el secreto del placer femenino a través de la tecnología.

En opinión de diversos sexólogos y retomando las investigaciones del escritor Pere Estupinyá:  “la función de los juguetes sexuales es aprender sobre las reacciones del propio cuerpo”, y “explorar qué produce más placer es fundamental para tener una vida sexual sana”: lo cual también podríamos hacer con androides o realidad virtual.

Un ejemplo muy claro de ese despertar erótico a través de la tecnología es el reciente lanzamiento de Wisp: una gama de wearables erótico-sensoriales que incluye joyas de silicona que se colocan en la muñeca y el cuello, además de un conjunto de almohadillas circulares que se pegan a la piel en cualquier parte del cuerpo y que emulan la sensación de ligeros toques y un aliento soplando suavemente.

El diseño corrió a cargo de Wan Tseng, graduado estrella de Royal College of Art, después de entrevistar a un grupo de mujeres con diferentes preferencias, entender las diferentes etapas de excitación y salirse del objetivo de muchos dispositivos eróticos: alcanzar el orgasmo.

En entrevista para Dezeen, la colección incluye Touch, el cual utiliza motores mini y el conjunto de las almohadillas que dan la sensación de tocamiento y Whisper, que simula una respiración y el cual incluye un soplador de aire y un altavoz para reproducir música a través de conexión Bluetooth.

Sería increíble averiguar si haciendo uso de estos dispositivos podría despertar otro tipo de sensaciones y si de verdad nos acerca a tener sexo con robots, o sólo estamos jugando a hacernos los experimentales.

Escribe:

Montserrat Bonilla
Coleccionista de palabras, de día; coleccionista de historias, de noche. Consultora en PR y comunicación, especializada en empresas con base tecnológica. Un poco queer, un poco loca.

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