“La decadencia del hombre comenzó cuando

le dio la espalda a su animalidad”

 Friedrich Nietzsche

Si esto es lo primero que has visto del cine de Lanthimos, tal vez concordemos que es una excelente carta de presentación. Aunque mucho se cuestionó sobre el reparto y el idioma original, The Lobster contiene la excelencia de un guión, —a manos del propio Lanthimos y Efthymis Filippou— que combina la risa más negra ante nuestras propias ausencias y reflejos, en una trágica, divertida y alucinante parodia del mundo regido por las relaciones monogamas, con la maravillosa fotografía de Thimios Bakatatakis.

Dice Michel Onfray que en el terreno del amor y de la relación sexuada, Occidente encuentra su rastro en las teorías platónicas del deseo como falta, de la pareja como conjuro de lo incompleto, del dualismo y de la oposición moralizadora.

Vale decir que nosotros, seres posmodernos, seguimos operando respecto al amor con base en dos axiomas, los cuales, Lanthimos ilustra de manera distópica:

  • El deseo es falta, es decir que en otro tiempo fuimos seres completos hasta que alguien nos separó en dos, hombres y mujeres, condenados a buscarnos mutuamente en cuanto somos la parte faltante del otro, seres tristes e incompletos.
  • La pareja sería el milagro que nos hace superar para siempre esa carencia, y es así que nuestra vida toma forma de esfera en la que dos mitades se han unido.

Sobre estas bases se construye gran parte de nuestra angustia existencial, a partir de la necesidad de aceptación, de empate. En un intento desesperado de encajar con esa media naranja hemos construido relaciones superficiales e impostadas que nos someten al pánico de existir en soledad y a la sensación de fracaso que produce la soltería.

Y no, no es que no crea en el amor. Es que la imposición de normas que rigen la contemporaneidad; entre ellas, la hipervisibilización del mundo al exterior —como lo menciona Buyung-Chul Han —, a través de las redes sociales, o a través de aplicaciones como Tinder, donde los fenómenos del like o del match nos llevan a niveles enfermos en la búsqueda de aceptación, las premisas de Lanthimos, cargadas de humor negro, no resultan ajenas. Al contrario, inquietan y dominan los modos de ver las relaciones en pareja y la manera de enfrentar la soltería, sólo apta para ‘salvajes’.

Los escenarios que plantea al interior: el hotel, y al exterior: el bosque, presentan dos regímenes de gobierno aparentemente antagónicos, aunque sus normas respecto a la masturbación resultan un ejercicio igual de estricto que las limitaciones al estar fuera. Ahí, donde la música electrónica es la única permitida, bailar solo es la regla.

Pero ¿qué pasa si la búsqueda de ese match perfecto resulta en fracaso? Lanthimos plantea dos escenarios posibles: la rebeldía y el salvajismo de los solitarios, o el método disociativo de la fusión con el animal, posibilidad abierta para los habitantes del hotel.

Esta última oportunidad hace de The Lobster una de las más  recientes y originales propuestas para analizar la relación perpetrada del ser humano y su encuentro con la animalidad. La civilización moderna ha establecido el sometimiento de la naturaleza como una forma de superar lo animal.

Explorado ya por Deleuze y Guattari, el devenir animal, traspasa las codificaciones que nos hacen ser personas, reivindica la animalidad frente a la tradición filosófica que ha estipulado lo animal como contrario a humano. Deleuze, al igual que Lanthimos, plantea que el volver a la animalidad presupone estar en libertad, desnudo de mandatos y se erige como única oportunidad de fuga del territorio edípico de la cultura y sus normas.

 

 

 

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