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Una vez más regresaron los demonios.

Entraron por la ventana, por la puerta, por la coladera del baño, por la tina.

Tiraron todo a su paso y rompieron el foco de la lámpara y dos libros.

Prácticamente saldo blanco.

Tras enfundar mi espada volví a meterme bajo las sábanas. Tú no te diste cuenta.

Me tranquiliza ver que duermes plácidamente y roncas suavecito, sin haberte percatado de la guerra que desatamos en el cuarto.

Los gatos se escondieron debajo del sillón y aún están ahí, temerosos de que esos seres vuelvan.

De pronto me percato de que un silencio pesado flota en el aire, dificultando mi respiración una vez más, ahogándome.

Y me acerco a tu cuerpo tibio y pongo la mano en tu cintura, tratando de evitar que te despiertes.

Alguien vagabundea por nuestra calle y se escuchan sus pasos. Pasan dos autos persiguiendo sus colas y una sirena ulula detrás de ellos.

Oigo mi propio pecho palpitando.

Faltan muy pocas horas para que amanezca.

Cierro los ojos y trato de concentrarme, de no pensar en nada, dejar la mente en blanco.

Pienso en tu voz, en tus manos rodeando mi nuca y nuestros pies desnudos en la arena.

Escucho el mar.

Cierro y abro los ojos. Ya es de día.

Inevitablemente debo librarme del abrazo, soltarme de tu mano, volver al campo de batalla.

Me ducho apresurado y visto el suéter rojo que tanto me chuleas.

Hoy hace frío. Ese frío que siempre dejan los demonios tras su partida.

Y te beso en la frente mientras susurras te amo tocándome la cara.

Sé que estarás a salvo, que no te molestarán tras mi partida.

Y doy vuelta a la llave mientras algo revolotea dentro de mi mochila.

Estaba dentro del clóset, escondido detrás de los zapatos, temeroso de desatar la furia o la venganza de sus compañeros vencidos.

Escribe:

Polo Silberman
Historiador especializado en política y milicia en México en el siglo XIX, escritor de oficio, gestor cultural, director teatral, editor, conferencista y trendexpert. Tiene un hermoso gato gris de nombre Gedovius y uno más, negro y bello como la noche, de nombre Poe. Es 100% Géminis, adicto al café y a la cocacola y vive en el Centro Histórico con la mujer de su vida. Es el director editorial de APOLORAMA.

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