Yo no había tenido la oportunidad de ir a Bahidorá, nomás me habían contado del festival, del río en el que podías estar metido mientras escuchabas la música, de cómo era la oportunidad perfecta para escapar del frío de la ciudad y pasar un fin de semana en traje de baño disfrutando del sol, etc. Tras haber asistido a esta 4a edición del festival puedo decirles que mucho de lo que me habían contado es cierto, es un escape, una forma distinta de disfrutar la música, pero también hay mucho, mucho que no me habían contado.

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En mi opinión, este no es un festival en el que la música sea protagonista, podíamos notarlo cuando anunciaron el cartel y, si bien este tenía nombres conocidos, no había nada que fuera hit, que nos hiciera brincar de nuestros asientos y quebrar nuestro cochinito para poder estar ahí.  La música es tan solo un elemento del festival, y hay un montón de otras actividades que complementan la ausencia de un “headliner” rimbombante; las clases de yoga, las 4 horas de salsa en vivo para ir a bailar, las conferencias sobre uso de drogas, el río (siempre disponible para un buen chapuzón), la fogata a media noche, la promesa de fiesta hasta el amanecer con DJ en vivo, las hamacas, los camastros y las albercas, todo eso complementa la “experiencia” Bahidorá.

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Ahora que, al no ser un festival fundamentalmente musical, me tocaron un par de experiencias poco agradables. Primero, la gente no paraba de hablar durante los conciertos. Cuando tocó Rhye (cuya música, para quienes no los han escuchado, es muy melódica y suave) la gente comenzó a hablar, tanto así que el cantante paró en una canción para pedir silencio… cosa que no sucedió, arruinando un poco el show para quienes sí queríamos escucharlos. Algunas personas intentaron jugar con pelotas inflables que sacaron de la alberca, sin embargo, al haber poca gente en el escenario principal, las pelotas muchas veces golpeaban a la gente.

Sin más rodeos les cuento que mis detalles favoritos de esta edición de Bahidorá fueron:

  • La salsa en vivo. El escenario era pequeño e íntimo, las lámparas y la cercanía al río te daban la impresión de estar en una fiesta a la orilla del mar y  la gente no paraba de bailar, teníamos toda la actitud de fiesta.
  • Los cocteles de Tequila Azul. Normalmente no tomo tequila, pero no pude resistirme a los cocteles y frappés que ofreció #TequilaAzul. Espero que, si fueron al festival, no se hayan perdido el de jamaica y piña con romero, una delicia.
  • La decoración del escenario “Doritos”. El “Dance Floor”, el lugar donde uno podía escuchar a los DJs y bailar hasta el cansancio, todo debajo de un techo formado por telas rojas y un gran corazón rojo brillante. (ver fotos)
  • La presentación de Escort. Fue un hit, la gente no paraba de bailar, muchísima energía en el escenario y una luna enorme en el cielo.

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Ahora, lo que no me gustó del festival fue:

  • ¡NO HAY SEÑAL!, o al menos yo (con plan de Telcel) y el amigo con el que iba (con plan de Iusacell) no tuvimos señal el 90% del tiempo, cuando entraron algunos mensajes fue solo eso, no pude contestar y bueno, de enviar mensajes, fotos, tuits o postear algo en Facebook, ni hablemos.
  • La zona de camping estuvo muy desorganizada, no estaba realmente delimitado el espacio y entonces era toda una odisea llegar a las casas debido al poco espacio que había entre una y otra.

Como pueden ver, en general, la experiencia fue positiva. Bahidorá es un festival ideal para escaparse de la ciudad, para ponerse traje de baño aún cuando siga siendo invierno, espero poder acudir nuevamente el próximo año.

 

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