Esta mañana nos despertó a todos la noticia de la muerte de David Bowie. No sé ustedes, pero fue lo primero que yo escuché en el día “Se murió Bowie”; luego de escuchar la noticia vinieron los minutos de incredulidad, las búsquedas para verificar las fuentes y una sensación de corazón apachurrado que sólo se ha ido desvaneciendo luego de escuchar algunas de sus rolas.

Yo soy de esa generación que vio Labyrinth durante su infancia, fui una niña que miraba los vinilos de Bowie en los estantes y constantemente se preguntaba si ese personaje era hombre, mujer o algún tipo de extraterrestre, lo que no sabía es que Bowie lo podía ser todo, así de grande era su creatividad y su capacidad de transformación.

Bowie será de esos nombres que no podré quitar de mi “Bucket list” de conciertos que uno no debería perderse en la vida; sin embargo, estoy feliz de haber coincidido generacionalmente -al menos de manera parcial- con su música, con su falta de miedo a ser él mismo, con su curiosidad infinita y sus ganas de usar la tecnología en sus procesos creativos, por haber sido testigo de que la vida se puede vivir de manera tan intensa como uno decida. Me quedo contenta de haberlo visto (en sus videos y presentaciones televisivas) bailar y caminar elegante, maquillarse y no tenerle miedo al cambio.

Les dejo algunas de mis canciones favoritas de este GRAN músico, para que juntos celebremos su paso por este mundo y sigamos usándolo como inspiración:

Si llegaron a esta nota sin saber quién es Bowie y solo llevados por la curiosidad de saber quién era ese personaje de cuya muerte todo el mundo habla hoy, vean este documental.

¿Qué tienes que decirnos?

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