Hace algunos años tuve la oportunidad de entrevistar a Lozano-Hemmer en la OMR, desde entonces he seguido su trabajo muy de cerca por las siguientes razones: la manera en la que entrelaza las artes escénicas y lo digital –lo que describiría como teatro tecnológico– , el posicionamiento de un químico-físico-diseñador como uno de los artistas mexicanos más reconocidos a nivel mundial, la relación con el fenómeno interactivo en el arte, y por último, la manera en que aborda el tema máquina-cuerpo a través del planteamiento de la tecnología como recurso inherente al ser humano.

 

 

Su primera monográfica en México se inauguró la semana pasada en el MUAC bajo el título de Pseudomatismos. En aspectos generales podría cumplir las expectativas de los visitantes; sin embargo, aunado a las faltas ortográficas en el texto curatorial, en muy pocas obras hay un referente al proceso de las piezas, información trascendental en la mayoría de los casos, y que abriría las posibilidades del público a cuestionarse sobre las obras con las que interactúa. Pese al reto museográfico que debe representar la instalación de las 42 piezas, el visitante puede recorrer lúcidamente todas las salas.

 

 

Mención aparte merecen las obras Nivel de confianza, PanHimno y la presentación al público de Nanopanfletos de Babbage, definitivamente mis favoritas, así como algunas de las más representativas en la trayectoria del artista como Almacén de corazonadas, Respiración Circular Viciosa y Rasero y Doble Rasero, perteneciente a la colección del MUAC.

 

Pseudomatismos presenta proyectos en los que la interactividad es determinante en la existencia de las obras. A partir de observar la interacción de los visitantes, entre los que destacaban las personas tomando fotografías, sin detenerse un momento en ningún texto curatorial –los pocos que había– , pensé en una entrevista que leía hace poco a Chris Dercon, director de la Tate, en donde afirmaba que en la medida que el museo sea afectivo será efectivo; es decir, ver en el museo un lugar para el juego social y la innovación que abrace a su público en respuesta al estado de vorágine en el que se desarrolla el siglo.

 

Pero ¿qué pasa si en ese afán de abrazo la interacción se limita a tomar una fotografía? ¿qué pasa con el museo si la gente no percibe diferencia alguna entre la temporal o la colectiva? enfáticamente ¿tenemos claro lo que es un museo o lo que esperamos de las exposiciones? El museo debe ser, por encima de todo, un lugar donde hacerse preguntas. El arte debe generar dudas, no sólo un juego inteligente de taquillazo artístico, donde su carta principal sea el público ávido de verse en el museo.

 

Por último y para ser claros ¿el museo sigue siendo un referente para cuestionarse sobre el arte y la cultura visual o lo hemos hecho sólo un aliado más del social media? lejos de categorías de valor que lo acrediten como bueno o malo, ante esta perspectiva, ¿cuáles son los retos que se avecinan para los museos del futuro?

 

En lo que seguimos dilucidando, pienso que el contenido del museo debe de impactar en otros planos sensoriales, cognitivos y claro, visuales. No es una protesta en contra de las largas filas al museo que se ven últimamente de Reforma a la Alameda, claro que siempre se celebrará un museo lleno, pero habría que considerar que en la medida que mejoremos como público, podremos exigir más de los museos y no dejarnos llevar por imágenes falsas en pro de la cultura o lo cultural, más en estos tiempos de infames recortes presupuestales.

 

Las fotos no están mal pero ¿eso es todo? Al menos en Pseudomatismos no, hay mucho que preguntarse a partir de la obra de Lazano-Hemmer. Desde el pseudo –lo supuesto o falso-, Hemmer plantea la imposibilidad de lo aleatorio en el mundo maquínico, donde cualquier pretensión de autonomía es tan sólo una simulación ¿qué tan alejados estaremos de ser pseudómatas? ¿hemos dejado de actuar por nosotros mismos y olvidado nuestras facultades aleatorio-reflexivas?

¿Qué tienes que decirnos?

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