Los siete magníficos están de regreso, y… un poco diferentes a los originales. La nueva versión del wéstern clásico que John Sturges dirigió en 1960, es un producto de laboratorio pensado para tiempos de corrección política, destinado a seducir a todos los segmentos demográficos que conforman su público potencial. Y vaya que es más que a propósito que en su lineup aparezcan una mujer, un afroamericano, un latino, un asiático y un nativo americano.

Seguro, esta versión levantará polémica al tener cambios en el guión y respecto a la cinta original protagonizada por Steve McQueen,  que a su vez, era un remake de los 7 Samurais de Akira Kurosawa.

“Era importante rodar una historia contemporánea, aunque el original de Kurosawa también lo sigue siendo. En cierta manera, habla de cosas como el terrorismo y el abuso de los más débiles. Necesitamos gente fuerte que pueda venir a ayudar a los demás. Ese ideal nunca debería desaparecer”, explicó el director Antoine Fuqua, “Refleja el mundo tal como era en 1874 de una manera más honesta, porque en él también vivían negros, blancos, asiáticos y mexicanos”, afirmó Denzel Washington.

Fuqua logra dar algo de vida propia a su particular Frankenstein cinematográfico. Pese a los aires de modernidad que quiere destilar, Fuqua nunca pone en duda el modelo ideológico del wéstern clásico. Ahí está la obsesión por la propiedad privada en personajes que reclaman sin cesar aquello de “esta tierra es mía”. También la comunidad reunida en torno a la iglesia, auténtico centro neurálgico del asentamiento. Y, sobre todo, el ojo por ojo como único sistema de valores. “Quiero justicia, pero me conformaré con la venganza”, dice uno de los personajes. “En la frontera, los hombres y las mujeres vivían dependiendo de sus pistolas, de su reputación y de su fuerza. No quiero decir que fuera más igualitario, pero en cierto sentido había más oportunidades para la igualdad en el oeste que en otros lugares”, ha dicho Washington, reafirmando el mismo mensaje.

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