Sucede que hay cosas en la vida que no deben cobrarse, de la misma manera en que jamás debe negársele a nadie un vaso de agua. Sucede que no hay que hacer excepciones “simplemente” (y lo entrecomillo porque no hay nada de simple en querer a alguien) porque son amigos. O porque en la historia de su relación se han hecho favores. O porque en una de esas, si ahora trabajas gratis, luego vendrá el negocio grande.

Cuando comencé PataPirata llegaron las posibilidades de recibir dinero en donativo. Y miren, hay cosas complicadas en la vida como el amor, y luego está el mundo animalero. Uno tiene la osadía de querer aportar algo: ideas, tiempo, trabajo, dinero, croquetas y !PUM! te llueven opiniones de como alguien puede hacerlo mejor.

Como yo ya había trabajado en una IAP, sabía bien que los dineros, cuando se trata de voluntariado, deben ser absolutamente transparentes, sobrios y modestos. Así que salvo en urgencias, y siempre a cambio de algo, recibí varo. Ej: rescaté un gato que nació con los párpados invertidos. Las pestañas le estaban cortando el ojo. Había que operarlo. La operación costaba unos 5 mil pesos. No los tenía. Me puse a hornear pasteles y cupcakes y galletitas. Las vendí. Puse un precio alto, sí, porque jelou, cocino increíble, pero además la cosa era para darle ojos a Ciabello. Pero la verdad es que todo mundo acababa pagándome más. So, there you go: galletitas caras a cambio de dinero, y muchos reportes sobre el bienestar felino.

Como comprenderán, si a mí me caen un chorro de ofertas del tipo: “¿te interesa llevarme las redes sociales de mi negocio a cambio de nada pero te prometo que si veo resultados te pago un poquito?”, pos me llueven más para cosas de animales. Nomás que la gente que se dedica al animalismo, jamás me ha pedido que trabaje gratis, siempre se ofrecen pagar; y si imaginan que no les alcanza, me ofrecen intercambios bien interesantes. Peeero…

Si se trata de mejorar la calidad de vida de los animales domésticos, yo no cobro.

Y no saben lo bonito que se siente acomodar la vida para que puedas pagarte esos gustos; y lo feo que se siente que la gente crea que ayudar, no es un gusto.

Hay proyectos por los que no es correcto cobrar. En mi opinión, no se cobra en aquellos proyectos que se dedican a mejorar nuestro entorno desde la iniciativa privada (y hablo de individuos, no de empresas multimillonarias que si bien pueden tener un interés legítimo en la sociedad, ocupan esos esfuerzos para no pagar impuestos).

Hablo de cuando tu amigo Paco Colmenares te pide que le armes la pauta para su fan page. De cuando tu amigo Rafael Paz ni siquiera se atreve a pedirte que lleves las redes de su veterinaria. Hablo de cuando Jonathan Alvarez te presenta a Iván Logra y conoces Animal Vitae.

Para mí, los animales son ese refugio donde yo obtengo algo que no me da nada más: serenidad. A cambio de eso, busco que mi tiempo y recursos, se destinen primordialmente a darme esa serenidad. No es trabajo pro bono, no es trabajo gratis. Yo ya tenía mi ganancia resuelta.

¿Cuál es ese tema en la vida que les da lo que nadie y por el que están dispuestos a pagar el precio? Eso se llama ser activo socialmente, eso es ser parte de una comunidad. Y cuando uno lo encuentra, dio el primer paso a la ética en marketing. Porque sí… existe.

Que los RTs los acompañen.

Escribe:

Maríaisabel Mota
Vivo en eterno Social (Sedia) Rehab y como de ello. También dirijo @PataPirata. Escribo por necesidad de supervivencia y cordura. Soy padawan amateur, rescato Banthas, galleteo, surfeo el caos.

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