“I hate the fact you always feel like you have to be going somewhere, like the end destination is to be finished, or to be happy. But the truth is a lot of us are completely lost, and we don’t know, and that is also a state of mind, to not know who you are and where you’re going.” -Lykke Li

 

A todos nos tomó por sorpresa la aparición de Lykke Li en el 2008 una sueca con una voz especial, con un tono un poco aniñado que contrastaba con letras fuertes y reflexivas en torno al amor. Su primer álbum “Youth Novels” estaba lleno de esperanzas románticas, melodías que encajan en una primera cita ideal, un disco que habla profundamente acerca de la búsqueda del amor. Después vino su segundo álbum “Wounded Rhymes” (2011) un viaje descarnado por canciones que hablan de desilusión, retratos de todos los corazones rotos que buscan explicaciones para un sentimiento no correspondido, desnudo, honesto y oscuro así era el segundo LP de Li.
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“I never learn” (2014) es la culminación de la trilogía que representa ese momento vacío en la vida de Lykke Li en el que se sentía perdida como mujer y como artista. Le llevó dos años y medio de trabajo, una obra de 9 tracks en perfecto balance que rebosa de parajes desolados acompañados de guitarras y atmósferas apacibles en medio de la nostalgia. Impecable de inicio a fin en el que nos lleva de la mano a recorrer el mundo desde una visión solitaria.

El disco abre con “I never learn” una canción con una letra breve pero poderosa, suenan las cuerdas tibias de una guitarra abandonada que después nos incorpora a una atmósfera etérea que flota oscura ajena al tiempo y el espacio. Sigue “No rest for the whicked” donde los coros recuerdan ese himno “Sadness is a blessing” de su segundo disco, una composición más pop pero sin olvidar el lado profundo. El tercer track es “Just like a dream” que suena más a dream pop, con percusiones y synthes que protagonizan la armonía. “Silverline” es un track de composición sencilla y apacible que da pie a “Gunshot” un poco más trágica y en un volumen más alto que el resto de las canciones, saliendo un poco de lo personal. “Love like i´m not made of Stone” es lineal en un tono más bajo que da paso a “Never gonna love again” llena de desesperanza y emociones que no llegan a su destinatario. “Heart of Steel” y “Sleeping alone” cierran de manera precisa y contundente el disco.

Lykke Li viaja en un barco abandonado, ella es la que navega por mares gélidos aceptando la vulnerabilidad de amar a alguien sin ser correspondido. Todos somos su tripulación, ella le canta directo a nuestros corazones huérfanos y malditos que jamás fueron abrazados, ella es la heredera de la fortaleza escandinava para enfrentar la desolación y la desilusión sin morir en el intento. Larga vida a Lykke Li.

Les dejamos la liga para que escuchen el disco completo aquí.

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Haití En Llamas
Internacionalista // Codificador de la realidad // transcribe el entorno y lo transforma en estética lírica // profesional dancer // soy un gran chico 😉

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