Por: Marianna Barroso

Richard T. Walker es artista visual de origen británico con sede en San Francisco, realiza performances e instalaciones con ayuda de diversos instrumentos (teclado, guitarra y una grabadora con voces pregrabadas, sonidos ambientales) para interactuar con lugares inhóspitos y desérticos, lo que actualmente algunos llaman “landart”, una expresión inglesa que se traduce como «arte de la construcción del paisaje»; en ella se utiliza el marco del entorno y los materiales del medio (madera, tierra, piedras, arena, viento, rocas, fuego, agua etc.
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Richard aparece solo, de espaldas, invadiendo de algún modo el espacio que pisa y en ocasiones mimetizándose; su arte se trata de un diálogo, una interacción entre el medio que lo rodea y lo que él tiene que ofrecer para que algo simple y solitario de pronto nos parezca tan lleno de arte, de todo.
La música y el sonido se transforman en un hilo conductor de nostalgias y añoranzas; entre las tecnologías que T. Walker utiliza, se encuentra el audiocassette o un viejo y austero teclado.

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“En pocas palabras, diría que en el nivel más básico, la música se convierte en sustituta del lenguaje verbal. Intenta crear fluidez en una situación por lo demás forzada. Me interesa el hecho de que seamos capaces de entender algo y luego a través de esto redescubramos qué significa “entender”, mientras que desde la no comprensión tratamos de crear significado”.

Con participación en exposiciones desde sus inicios, este artista evoca recuerdos, amor por el entorno, por lo simple y nos recuerda que la simpleza, la sencillez, la pureza a veces está más llena de todo.

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“En el desierto las cosas parecen una forma ligeramente exagerada de ellas mismas. Una roca tiene más “roquicidad”, y el cielo es más cielo de lo que se pueda imaginar. El espacio adquiere peso, como si estuviera escrito en mayúsculas a tu alrededor. Encuentro la desolación en cierto modo irresistible; tiene un trasfondo de premonición extrañamente energético”.

Conoce más de Richard T. Walker y su arte, aquí.

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