Por: Patricio Morales

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Hace ya algunas décadas que el debate acerca de la relevancia cultural del cómic ha evolucionado. Durante años se argumentó que se trataba de una simple diversión para niños y gente simple pero poco a poco esta forma de expresión logró obtener reconocimiento como manifestación artística con un impacto cultural real.  En otras palabras, la discusión cambió de “¿es esto arte?” a “¿qué alcance cultural y social tiene esta forma de arte?”

En un 2014 en el que la lista de espera de cualquier Comic Con dura meses (y hasta años) y llevamos varios vernos en que las pantallas de los cines proyectan multimillonarias películas sobre superhéroes cuesta trabajo creerlo pero la verdad es que no hace mucho tiempo que cualquier artículo relacionado con cómics o superhéroes era recibido con desconfianza y ridículo.

El cómic europeo alcanzó reconocimiento como forma artística mucho antes que en este lado del Atlántico pero, por algún motivo, eso no tuvo mucho efecto en la percepción que en estas latitudes se tenían acerca de esta forma de literatura.

Y sin embargo, hay un personaje que siempre fue relevante.

Un personaje que siempre fue importante.

Un personaje que, desde su primera aparición siempre ha estado presente en el imaginario colectivo.

Ese personaje es Batman.

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Andy Lidstone / Shutterstock.com

No tiene sentido repetir lo obvio: Todo mundo sabe (o debería saber) que la primera aparición de Batman fue el 30 de marzo de 1939 en el número #27 de Detective Comics y el resto es, como reza el cliché, historia.  75 años y millones de historietas, disfraces, juguetes, boletos de cine y anuncios para televisión después, el detective encapuchado sigue siendo un ícono cultural cuya resonancia trasciende fronteras de todo tipo.

Nada mal para un héroe solitario, melancólico  y que, a diferencia de otros más coloridos personajes, no tiene superpoderes de ningún tipo. Y no soy el único que cree que ese es uno de los motivos por los que Batman fue, es y sigue siendo tan popular. Muy brevemente, me gustaría aprovechar este aniversario para plantear 3 acercamientos por los que creo que Batman sigue siendo un ícono cultural profundamente relevante. Hago la precisión de que esto es de manera muy superficial por lo que invito al lector interesado a hacer mayor investigación por su cuenta:

 1)   La capacidad de identificación. 

Al preguntar cuál es la característica más distintiva de Batman vienen a la mente muchas cosas: su inteligencia, su destreza física, sus “gadgets” para toda ocasión… pero una que a mi me parece básica y que comparte con cualquier lector es esta: la impotencia.

La historia de Batman comienza cuando Bruce Wayne descubre su impotencia para impedir la muerte de sus padres. Él es tan solo un niño, un pequeño individuo parte de una maquinaria que no tiene ningún poder sobre los eventos que ocurren a su alrededor. ¿Quién de nosotros no ha sentido esa impotencia en todo tipo de circunstancias?

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Bruce Wayne dedica toda su juventud a aprender psicología social, criminología e infinidad de técnicas de combate para poder defenderse de esa impotencia; para sentir que adquiere un grado de control sobre lo inexorable. Para perder el miedo a las sombras se vuelve una sombra él mismo.

Pero ese control es una ilusión y, muy en el fondo, él mismo lo sabe. Y los lectores también lo sabemos pero de la misma forma en que es posible identificarse con su fragilidad humana, es posible inspirarse en su deseo de superar esa fragilidad no en base a superpoderes o dones sobrenaturales sino a la disciplina y el trabajo.

Batman es, en ese sentido, el frágil y vulnerable humano que somos todos pero, de igual manera, es un ideal al que se puede aspirar.

2)   Los arquetipos.

Durante la primera mitad del siglo XX, el psicólogo y psicoterapeuta suizo Carl Jung  propuso un modelo psicológico en el cual la humanidad comparte una especie de subconsciente colectivo.  Los arquetipos son elementos elevados de dicho subconsciente colectivo: formas autónomas y que viven de manera subyacente, patrones que se han ido formando durante generaciones y de los cuales emergen figuras fáciles de reconocer. Siendo muy elementales, al incorporarse al ser consciente se actualizan con las formas actuales.

El universo de Batman está lleno de arquetipos reconocibles. Algunos ejemplos:

La Sombra representa emociones e ideas obscuras casi reprimidas que viven en el subconsciente.

La Persona representa la cara o colección de caras que el ego porta al interactuar con el mundo exterior.

El Niño representa la individualidad, el crecimiento interno, la inocencia y un futuro potencial.

3)   El héroe de los mil rostros.

Uno de los arquetipos más claros que Jung identificó es el del héroe. En la mitad del siglo XX, el autor Joseph Campbell se basó un poco en estos trabajos para analizar a fondo el mito del héroe y su viaje.

Campbell identifica algo que él llama el monomito, término que usa para describir una estructura fundamental que es compartida por los miles de mitos heroicos de diferentes culturas alrededor del mundo.  De acuerdo a su investigación, todos estos mitos comparten ciertos elementos que se repiten una y otra vez, como patrones recurrentes.

Batman como héroe coincide, obviamente, con el arquetipo jungiano y su historia una y otra vez coincide con los elementos del monomito, que reconoce 17 etapas que involucran el inicio, el llamado a la aventura, la iniciación, el cruce del umbral, la apoteosis y el regreso del héroe.

Batman es un héroe con el que cada uno de nosotros se puede identificar. Cualquier persona puede verse reflejada en sus defectos, sus derrotas y sus victorias. No se trata de un príncipe oculto o el último heredero de un planeta lejano. Batman es un hombre como nosotros que lucha contra sus limitaciones y pelea por conquistar aquello que nos amenaza.

Y es por ello que Batman es eterno.

¿Qué tienes que decirnos?

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