Elýseos

En la terraza de nuestro apartamento contemplamos el nuevo mundo, tú y yo, sentados, apacibles, tomados de la mano como lo hemos hecho todo este tiempo. Armonizamos con la quietud del aire que surcaba nuestras largas cabelleras negras, espesas como un desierto, insondables como tu mirada. Desde nuestra perspectiva se podía ver todo en cualquier dimensión: desde el inicio del hombre en Oceanía y la canción primigenia hasta el océano pacífico que abraza el lado este de África. También se veían las auroras boreales en los polos y las canoas que viajan lentas por el Amazonas. Se podía ver el pasado: los eones que tomó llegar a la forma del hombre tal como lo conocemos y su espiral descendente a la abyecta condición actual. Pero en ese instante eso ya no importa, el presente es lo que ocupa nuestra total atención; el presente. Ese destello sincero y libre que nos pertenece, ese impulso que hace que me aprietes la mano con más fuerza, ese suspiro que impulsa tus labios a los míos.

Dánæ

Vivir de esta manera puede parecer arriesgado para muchos, los conservadores lo ven como una abierta violación a la ley, los mesurados dirán que es una pequeña trasgresión derivada del contexto y que responde a la ausencia de un Estado que absuelva a sus hijos pródigos. Yo creo que vivir en casas abandonadas, debajo de puentes y en predios sin dueño no tiene nada de malo. Usar las cosas que otros no quieren no tiene nada que ver con un delito ni menor si quiera. Como sea somos dos almas errantes que se postran en cualquier lugar vacío y lo hacen suyo. Esta concepción no tiene que ver con ningún motivo político, simplemente consideramos que somos almas de esta tierra, que podemos habitar cualquier lugar, que recuperamos lo que la vertiginosa civilización le quitó al hombre: su libertad. Empezamos bajo un puente entre mantas y harapos, entre charcos y sequías, entre hambre y saciedad. Nuestras noches estaban inundadas de pitazos de autos, borrachos que vociferaban epifanías y luciérnagas perdidas; a luz de la ciudad que nos arropaba. Recuerdo haber besado tus pies en esas frías tardes, como disparaba tus carcajadas al llegar al dedo meñique y cómo te arrancaba el aliento al sobar tus tobillos. La libertad, esa propulsión que te une a mí, esa música que te mantiene en llamas, esa electricidad interna que impulsa tus labios a los míos.

Elýseos

El presente, tú y yo lo conocemos, dos antenas parabólicas en sincronía con el mundo, damos asilo a las voces secretas de la tierra. Captamos los mensajes en código Morse que, desde la segunda guerra mundial, vagan huérfanos en el aire acompañados de mil y un vestigios más. ¿Recuerdas qué más aprendimos a interpretar en el viento? Los ecos que surgen desde las ruinas de los campos de concentración, sollozos de las masacres en el Sahara y de las víctimas de las dictaduras en Suramérica. Viajan despojos del muro de Berlín, plegarias elevadas a deidades sordas en el Tíbet y el polvo taciturno de los esqueletos en las entrañas de Beirut. Desde la atmosfera desciende la geometría precisa de Copérnico,  los planos perfectos de los tenochtitlas y el lacónico trazo de la arquitectura egipcia.  Viajan entre corrientes las risas de las rameras de babilonia, los pensamientos los monjes budistas y el núcleo vibrante de la tierra. Todos se preguntan por qué se forman los tornados, por qué existen las tormentas, el aire y su contenido es la respuesta perfecta. Y ahora nos trae nuevos mensajes, uno apenas tangible, un soplido desconocido que describe al presente, que lo renueva, que lo transforma en luminosos códigos y que lo potencializa como un bólido. Sigo sosteniendo tu mano mientras caigo en esa certidumbre,  ahora lo veo claro frente a nosotros, en la terraza, se acerca, nos abraza, nos sobrecoge y nos dice al oído que todo va a estar bien. El presente nos pertenece, es claro y es confiable, ya no es convulso como hace una década, es un poliedro con mil vértices que conocemos, es un bólido que arroja tus labios a los míos.

Dánaæ

Recuerdo cómo salimos de nuestras casas para unirnos a esta vida, en mi caso fue más liviano el cambio, era un hombre que se apreciaba de ser poco apegado a su familia. Sólo di las gracias, abracé a mi madre, abracé a mis hermanos, tomé nada menos que una maleta y zarpé. Lo tuyo fue diferente, eras una delgada comadreja enfundada en sus jeans azules que se comía las uñas mientras escuchaba de sus padres todos los malos augurios, ¿de qué había servido la universidad?, ¿de qué había servido el amor en casa?, ¿a qué respondía tan abrupta decisión de dejarlo todo y cambiar radicalmente de vida? No se los dijiste en ese momento pero varias noches mientras duermes les respondes a la distancia: “es el resultado natural de toda mi vida, soy el conjunto y la suma de todo, la libertad que llega tan necesaria como la primavera o como el invierno, soy el ser cósmico que conoce lo esencial y ahora recolecta nuevas experiencias”. Me lo dices a mí y te creo, eres una mujer inteligente y audaz, creo en tus ojos miel y en tu perspicacia oculta bajo tu piel canela. Creo en tu voz que lucha por escucharse y que nos ha acompañado en tantas manifestaciones, esos dientes hambrientos de cambio que abogan, defienden, cambian, mastican y lo transforman todo. En tus manos que tanto han sostenido, esas palmas que pueden calentar mi corazón y al mismo tiempo aventar con fuerza una bomba molotov que se estrella certera en su objetivo. Creo en esos jeans que te he visto llevar por muchos años, que me recuerdan a dónde pertenezco, en esa camisa de ornamentos negros que me recuerdan mi muerte y mi inicio. Eres la libertad que te emancipa de tu útero, eres el grito que exige libertad, tu libertad arroja tus labios a los míos.

Elýseos

Esto que vivimos no debe aterrarnos, es la suma de todo, es un momento casi conocido por el hombre, es el devenir disfrazado de nuevos tiempos. Sólo hay una pizca de diferencia que a continuación nos devela el aire, como una premonición o un regalo inesperado: nos dice que el presente, ésta vez, está acompañado de potencializadores. Las guerras existen, el hambre existe, el amor existe, el apego existe, los bienes existen, la nostalgia existe, el vacío existe, pero todo se potencializa. Te aferras a mi mano mientras escuchamos esto, tu mano de hombre, gruesa y dócil a la vez. En esta terraza hemos visto todo y ahora estamos en el umbral del nuevo empaque del presente, ¿habrá fin del mundo? No lo creo, en su lugar aparecerá un miedo desproporcionado de la mayoría y la tranquilidad de nosotros. Sabemos de la depresión económica de los 30s, del renacimiento, de la edad media, de la abolición de la esclavitud, del afrodescendiente que gobernó la potencia mundial. Sabemos que una madre ha matado a sus hijos por desesperación, que un hombre se ha inmolado por una creencia y que la guerra por el dominio del espacio fue un fiasco. Somos millones, somos las micro-ideologías que nadan y se encuentran y se mezclan y se repudian unas contra otras. ¿Qué sería imperdonable? No cabalgar al ritmo de esta velocidad de los nuevos tiempos, o si quiera comprenderlos, sería imperdonable negarse a lo obvio: el tiempo como lo conocíamos desapareció y de repente estamos en una balsa navegando, flotando en un mar conocido, con las coordenadas probadas, lo único que necesitamos es saber a dónde queremos llegar. El presente es una idea que potencializada en acción transforma todo, lo nombra y lo conoce, y bajo esa certeza el presente arroja tus labios a los míos.

Dánaæ

Llegamos a esta casa, inhabitada por supuesto, al parecer vivía una familia acaudalada que huyó de la delincuencia de este país. Éste país y todos se fueron a la mierda. Transitamos alegres entre decenas de pasillos con murales enormes de no sé qué pintor, cómo recuerdo tu expresión al ver el salón de los vitrales que por las tardes ilumina todo en una sinfonía muda de colores. Y tu lugar favorito, esa terraza con esas sillas, creo que te debe recordar algo específico de tu niñez, te sientas ahí y fluyes. Cierras los ojos y pareces conectarte con no sé qué, seguramente sientes algo especial cuando corre el viento, pero no me lo dices, algo escondes, tú comprendes muchas cosas que no me cuentas y yo como fiel marino me dejo llevar por el capitán que conoce mejor que nadie el camino entre continentes.

Tú eres mi libertad

Mi cause

Mi fin

Mi vacío

Mi nostalgia

Tú eres mi eternidad y yo soy tu renacimiento.

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Haití En Llamas
Internacionalista // Codificador de la realidad // transcribe el entorno y lo transforma en estética lírica // profesional dancer // soy un gran chico 😉

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